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Reportajes

3 de diciembre del 2003

"Hay que formular la necesidad del socialismo y no la democracia limitada por la búsqueda de beneficio capitalista y la compra de políticos y elecciones por las corporaciones"
Entrevista con Robert Brenner, autor de "La economía y la turbulencia global" y "La expansión económica y la burbuja bursátil"

Marcos Mariño
Tempos Novos/Rebelión

En la economía de la turbulencia global y La expansión económica y la burbuja bursátil has descrito la evolución de los países centrales de la economía global desde 1945 hasta hoy. Una de tus tesis fundamentales es que, a partir de 1973, las economías norteamericana y mundial entran en un "largo declive" en el que todavía estamos. ¿Cuáles son las razones que te llevan a pensar que a partir de los años 70 la economía mundial está en una crisis sistémica?

Si miras la historia del desarrollo capitalista, lo que ves empíricamente son ondas largas: tenemos primero el período 1850-73, que es un largo boom, seguido por la famosa Gran Depresión en 1873-96. Después tienes el boom Edwardiano, antes de la Primera Guerra Mundial, aproximadamente entre 1896 y 1913, que da lugar a la crisis del período de entreguerras, 1919-1939. Finalmente, está por supuesto el largo boom de la posguerra, entre 1940 y 1973, seguido por el largo declive actual a partir de 1973.

Si miras ahora los principales indicadores macroeconómicos -crecimiento del PIB, inversiones, stock de capital- verás que son, de manera sistemática, mucho mejores en los largos booms que marcaron la historia económica de los Estados Unidos que en los largos declives. Por ejemplo, la economía de los Estados Unidos en el boom largo de 1890-1913 y en el período 1940-1973 es mucho más dinámica que en el largo declive después de 1973. Como otra gente en la tradición marxista, yo pienso que lo que esta detrás de los booms prolongados es una alta tasa de ganancia para las empresas que se mantiene durante un período largo de tiempo, y en los períodos de largo declive tenemos exactamente lo contrario. Creo que esto puede demostrarse fácilmente con datos empíricos.

Sin embargo, hay un gran enigma con respecto al largo declive actual: ¿por qué está durando tanto tiempo? En cierto sentido, esto es comprensible desde el punto de vista teórico: no hubo una recuperación de la tasa de ganancia en los años 1980 o1990, y por lo tanto no hubo recuperación del dinamismo económico. De hecho, el balance económico de los años 90 no fue mejor que el de los años 80, que fue peor que el de los años 70, que a su vez fue por supuesto mucho peor que en las décadas de boom de la posguerra, los 50 y los 60. Pero, ¿por qué no se recuperó la tasa de ganancia? Yo diría que la razón fundamental es que no hubo la crisis económica aguda que ponía fin a los períodos de declive a lo largo de la historia del capitalismo, y que creaba las condiciones para una nueva época de alza económica. Estas crisis no tienen que ser tan catastróficas como la depresión de los años 30, pero tienen que ser lo suficientemente agudas como para permitirle a la economía que se deshaga de grandes cantidades de medios de producción de alto coste y baja ganancia, y que por lo tanto mantienen una baja tasa de ganancia en término medio e impiden la acumulación de capital. La ausencia de esta crisis se debe en parte al hecho de que las grandes corporaciones tardaron mucho en retirar su capital o en cambiarse a nuevas líneas productivas, haciendo todavía más grave el exceso de capacidad. Al mismo tiempo hubo un proceso ininterrumpido de desarrollo desigual, a medida que firmas de países en vías de desarrollo fueron capaces de combinar buena tecnología y salarios bajos para entrar en líneas productivas que ya estaban saturadas. En primer lugar está el Este asiático, que se convirtió en el primer centro realmente dinámico de la manufactura fuera del centro histórico del capitalismo, Europa y Norteamérica. Primero fue Japón, luego los tigres del Este asiático (Corea, Taiwan, Singapur, Hong-Kong), y ahora por supuesto China. Esta entrada masiva de nuevos productores exacerbó el exceso de capacidad, e hizo que la tasa de ganancia en la manufactura siguiese siendo baja en promedio a nivel mundial.

En vista de que había mucha entrada e insuficiente salida, uno habría esperado que la sobrecapacidad diese lugar a una crisis profunda, eliminando masivamente medios de producción de coste alto y rendimiento bajo. Lo que impidió esto fue la intervención estatal, a través del "subsidio" a la demanda. Este es un nuevo aspecto, con una importancia crucial, de la economía de la posguerra. En 1970 tuvimos los déficits keynesianos, y lo mismo pasó en 1980, con las enormes reducciones de impuestos para los ricos impuestas por Reagan y su gigantesco gasto militar. En los años 90, los Estados Unidos y Europa intentaron equilibrar su presupuesto, lo cual estuvo a punto de provocar una crisis económica seria-de hecho, en Europa y Japón las peores recesiones del período de posguerra fueron entre 1991 y 1995.

Una de las críticas clásicas a las economías capitalistas es precisamente su necesidad de pasar por terribles crisis económicas, con la consiguiente destrucción de capital y recursos, y los efectos que todos conocemos. Pero en tu análisis subrayas precisamente la incapacidad del sistema para llevar a cabo esta purga...

Sí, esa es la terrible ironía del capitalismo: las crisis son necesarias para restaurar la salud y el dinamismo del sistema. Por lo tanto, la continua intervención estatal para prevenir esa purga dio lugar a una mayor estabilidad, que se refleja en recesiones menos pronunciadas y relativamente cortas, pero que también reducen el crecimiento y llevan al estancamiento. Esto, de nuevo, encaja muy bien con la idea marxista básica de que la prevención de crisis profundas impide el retorno del dinamismo económico.

La entrada constante de capital desde el Este asiático dio lugar a serios problemas sociales en otros países -por ejemplo, tuvo un papel crucial en el desmantelamiento de la industria naval en Galicia y el Estado español ante la competencia que vino de estos países. ¿Cómo pueden resolverse estos problemas?

En efecto, hubo un gran desmantelamiento industrial en el Estado español como respuesta al ascenso de la industria naval coreana, en particular. Este es uno de los aspectos del proceso que estamos analizando: la tendencia del sistema a eliminar medios de producción de alto coste y rentabilidad baja. Lo que los trabajadores necesitan para contrarrestar esto es un estado de bienestar fuerte que proporcione seguros de desempleo y desarrolle su capital humano, creando condiciones para la modernización y la emergencia de nuevas industrias. Pero los trabajadores tienen que ejercer mucha presión para que este programa se lleve a cabo, y esto es muy difícil de conseguir en un período en el que el paro crece. El único sitio donde esta estrategia parecer haber funcionado es en los países escandinavos, y quizá en otros países del Noroeste europeo. Pero hay que recordar que estos países representan tan solo un sector marginal de la fuerza de trabajo global.

La cuestión política crucial es: ¿queremos tener realmente un sistema que necesita paro masivo, reducción salarial, cortes en los servicios sociales y miseria generalizada para poder recuperar un grado saludable de acumulación de capital, de la que todos dependemos? Yo creo que hace tiempo que pasamos el punto en el que los costes del ciclo capitalista estaban justificados. En el capitalismo, todos los factores dependen de la acumulación del capital - el empleo, la estabilidad, el crecimiento, los presupuestos del Estado... Todo depende en última instancia de la necesidad de generar ganancias privadas. Un antiguo secretario de defensa norteamericano dijo una vez que lo que es bueno para la General Motors es bueno para todo el mundo, y desgraciadamente en el capitalismo es así. Por eso tenemos que volver a formular la necesidad del socialismo, porque nuestras prioridades hoy en día son, en primer lugar, una democracia real, y no la democracia limitada por la búsqueda de beneficio capitalista y la compra de políticos y elecciones por parte de las grandes corporaciones; en segundo lugar, igualdad a través de la redistribución de riqueza; en tercer lugar, responsabilidad ecológica; y finalmente redirigir radicalmente los recursos para que se realicen las capacidades humanas, a través de la educación, el desarrollo de nuestras capacidades ... Creo que casi todos nosotros estaríamos muy contentos de sacrificar el crecimiento rápido por estas cosas que no tienen precio.

Una de las imágenes que emergen de tu análisis y de tu crítica a las explicaciones del largo declive es un mundo de capitales nacionales en competencia, en el que los trabajadores pagan el coste de esa competición con la reducción de salarios y los recortes en gastos sociales.

Es cierto que mi teoría económica tiene lo que yo llamaría implicaciones políticas antirreformistas. Déjame explicar esto. Durante el siglo veinte, y especialmente desde los años 30, el movimiento socialista tuvo básicamente dos teorías de la crisis: la teoría del subconsumo, y la teoría de la reducción de beneficios a través de los salarios (wage-profit squeeze). La primera teoría, basada en el subconsumo, apareció en el período de entreguerras, y afirma que los beneficios tienden a ser demasiado altos como consecuencia de la explotación capitalista, mientras que los salarios son demasiado bajos. Por lo tanto, los trabajadores no pueden comprar lo que se produce, y la recesión se debe entonces a la escasa demanda de los consumidores. Pero de acuerdo con esta teoría el problema puede resolverse a través del estado, que puede redistribuir los ingresos en favor de los trabajadores. En otras palabras, el gobierno salva a los capitalistas de su propia tendencia autodestructiva a tener ganancias demasiado altas. Desde este punto de vista, las políticas keynesianas -gastos gubernamentales, seguro de desempleo, pensiones, etc -resolvieron el problema del subconsumo que había aparecido en la gran depresión de entreguerras, y proporcionaron la base para el largo boom de la posguerra. Esto le abrió el camino a la segunda teoría de la crisis, la de reducción de beneficios a través de los salarios. El argumento de esta teoría es como sigue: la solución del problema del subconsumo a través de las políticas gubernamentales de redistribución dio lugar a un crecimiento rápido y especialmente al pleno empleo. Pero entonces, de acuerdo con esta teoría, te encuentras con un nuevo problema: el hecho de que los costes asociados a perder el empleo fuesen cada vez más bajos desplazó el equilibrio de fuerzas entre clases a favor de los trabajadores y en contra del capital, lo cual dio lugar en los años 60 a una reducción de los beneficios debida a un incremento de los salarios y de los servicios sociales. Este incremento era mayor que el crecimiento de la productividad. La solución del problema también pasa, supuestamente, por la intervención estatal: esta vez se necesitaban acuerdos tripartitos capital- trabajo-gobierno que asegurasen que los salarios de los trabajadores estaban en consonancia con la productividad y no provocaban inflación.

Yo le llamo a estas teorías reformistas porque según ellas los problemas que dan lugar a las crisis capitalistas pueden controlarse a través del gobierno, en el interés común tanto del capital como del trabajo, dando lugar a un desarrollo capitalista sin altibajos. Pero si esas teorías fuesen correctas, llegaríamos a la conclusión de que el dinamismo del capitalismo estaba garantizado eternamente.

Yo creo que la razón de las crisis es la acumulación competitiva y anárquica, y por lo tanto los gobiernos no pueden hacer mucho para evitarlas porque no pueden controlar las decisiones de miles de capitalistas. Como decía antes, en el capitalismo todos los factores, incluyendo la situación de los trabajadores, dependen de la acumulación del capital, que a su vez depende de las ganancias. Por eso el único modo de salir de una crisis capitalista es restaurando la rentabilidad, y eso se consigue eliminando industrias no competitivas -lo cual provoca desempleo- y reduciendo los salarios y los servicios sociales. Dentro del sistema, no hay ninguna solución a las crisis económicas que no se haga a expensas de los trabajadores.

De hecho, el último cuarto de siglo de desarrollo capitalista echó por tierra las dos teorías de la crisis de las que hablaba antes. El punto de inflexión fueron los años 70, en los que hubo simultáneamente grandes déficits keynesianos -que supuestamente tenían que proporcionar la demanda necesaria- y una reducción enorme de los salarios y de los gastos sociales para ajustar los costes al crecimiento de la productividad. Esto fue llevado a cabo mayormente por gobiernos socialdemócratas, así que no hubo que esperar al neoliberalismo y a Reagan para que se lanzase este ataque a la clase trabajadora. Pero el resultado fue un crecimiento muy lento, inflación, desestabilización de las divisas, y finalmente la gran crisis de 1979-82, que llevó al ascenso de la derecha. Si los problemas hubiesen sido demanda insuficiente o costes excesivos, el capitalismo habría recuperado la salud. Pero por supuesto no eran esos los problemas, como tampoco lo fueron en la década de los 80, en la que la represión de los salarios y de los gastos sociales fue aún mayor, acompañada por el keynesianismo militar de Reagan a favor de los ricos.

Uno de los puntos fundamentales de esta ofensiva capitalista fue la reducción drástica de los impuestos. Los impuestos sobre las ganancias de las corporaciones pasaron de ser del 50% en los años 60 al 20% en los 80, y nunca volvieron a subir...

En Estados Unidos, las reducciones de impuestos fueron enormes a principios de los 80. Lo que se hizo antes, en los años 70, junto con grandes reducciones en el crecimiento de los salarios y de los gastos sociales, fue llevar a cabo muchísimas desregulaciones. El objetivo era atacar las plazas fuertes de los sindicatos -especialmente en la construcción, las líneas aéreas y el transporte- para reducir salarios y facilitar los despidos. Al final de ese período, en 1980, el gobierno intervino en la corporación Chrysler para sacarla de la bancarrota, con la condición de que los trabajadores de Chrysler aceptasen reducciones salariales. Lo que hay que notar aquí es que la ofensiva capitalista comenzó en los keynesianos años 70, con un presidente del Partido Demócrata, Jimmy Carter. Por supuesto, Clinton redujo todavía más los impuestos, y ahora Bush está bajándolos muchísimo para favorecer a los más ricos.

Un aspecto crucial de tu análisis es la emergencia de las finanzas durante el largo declive que comienza en los años 70...

Como decíamos antes, la primera respuesta a la crisis fue el estímulo keynesiano de la demanda, luego los recortes salariales, y finalmente la devaluación del dólar. Esto, acompañado de bajos tipos de interés, frenó al capital financiero durante los años 70. Intentaron compensarlo reciclando las enormes cantidades de dinero procedentes de los países productores de petróleo para hacer préstamos al Tercer Mundo, y este es el primer canal de expansión de las finanzas.

Pero en 1980 se dan cuenta de que el problema de la industria no puede resolverse con los métodos usuales, abandonan el keynesianismo y se orientan hacia altos tipos de interés y un dólar alto. Estas medidas favorecen mucho a la banca, a la que además se le permite tener acceso a áreas cada vez más amplias (como por ejemplo el sector inmobiliario).

El problema de los desarrollos financieros es que son muy irracionales, porque el capital financiero no hace nada, no produce, y lo único que le importa es ir al sitio donde piensa que tendrá mayores beneficios. Va de un lado a otro sin ningún criterio firme sobre dónde investir, y el resultado es normalmente un exceso de préstamos que desemboca en una crisis. Eso es lo que pasó con los préstamos al Tercer Mundo: cuando subieron los tipos de interés hubo una crisis que casi arruina a los bancos en 1982, y lo mismo pasó con la fiebre de fusiones y adquisiciones en los años 80. La única razón de que el capital financiero continúe haciendo este tipo de negocios es que el gobierno le saca las castañas del fuego, como pasó por ejemplo en la crisis del Tercer Mundo y también a comienzos de los años 90, cuando Alan Greenspan bajó los tipos para reflotar la banca. Pero la finanza no se dispara hasta los años 90, con Clinton, y esa fue la razón del aparente boom de la pasada década.

¿Cual fue la dinámica económica en ese período, y cuales son las perspectivas que se abren ahora?

El dólar alto y los altos tipos de interés de la época de Reagan estaban acabando con la industria norteamericana, y Reagan se ve obligado a ir en la dirección contraria y desvalorizar el dólar. Esto, junto con los bajos salarios y la reducción de impuestos, produce una recuperación en la rentabilidad de la manufactura por primera vez desde 1973. Pero la consecuencia es que el yen y el marco alemán suben, lo cual produce una crisis en Japón. En vista de esto la administración Clinton llega a un acuerdo con Japón en 1995 para volver a subir el dólar. En ese momento, la recuperación de la rentabilidad en la manufactura norteamericana llega a su fin, y en la segunda mitad de los años 90 sus ganancias descienden. Al mismo tiempo, el mercado de valores pierde el control y sube muy rápidamente. ¿Cómo es esto posible? La razón es que el mismo acuerdo entre Estados Unidos y Japón por el cual el yen y el marco se desvalorizan hace llegar a Estados Unidos un montón de dinero, y eso reduce los tipos de interés a largo plazo. Ademas de eso, Greenspan reduce los tipos a corto plazo a pesar de sus advertencias respecto a la exuberancia irracional en el mercado de valores. Como consecuencia de esto, las acciones de las compañías -especialmente en el campo de las altas tecnologías y de las tecnologías de la información- comienzan a subir ante la ilusión de que está emergiendo una "Nueva Economía", aunque en realidad están propulsadas por los bajos tipos de interés. La subida de las acciones hace que las compañías tengan acceso a préstamos enormes a pesar de sus bajas ganancias, con el aval de los altos precios de sus acciones. Esto da lugar a inversiones masivas que hacen que la sobrecapacidad que existía en la manufactura se extienda a toda la economía. Así que el panorama en el año 2000 es, paradójicamente, un boom muy rápido, un mercado de valores enorme, y una rentabilidad en descenso en toda la economía. Por supuesto, esto no puede sostenerse, y la burbuja del mercado de valores acaba por explotar. Ahora las corporaciones no saben que hacer con todo ese exceso de capacidad, están invirtiendo cada vez menos, y el gobierno está intentando resolverlo reduciendo los tipos de interés. Pero eso no va a resolver nada, ya que en vista de la sobrecapacidad las empresas no tienen ninguna motivación para pedir préstamos e invertir.

La única razón de que el período no terminase con un colapso total fue la deuda de las economías domésticas, que pidieron préstamos contra su propiedad inmobiliaria en un momento en que estaban subiendo los precios de las casas. Eso permitió mantener un boom en el consumo, pero ahora el paro está en aumento, la proporción de la deuda de las economías domésticas al PIB alcanzó un record histórico, y parece que la burbuja inmobiliaria está terminando, así que podríamos entrar en una recesión mucho más profunda. No está nada claro qué va a pasar ni cómo van a salir de esta. La inversión ha estado disminuyendo durante dos años consecutivos, y por ahora no hubo ninguna recuperación de la rentabilidad.

Además de tu actividad académica y científica, eres miembro de Solidarity, una organización socialista norteamericana. ¿Cual fue la dinámica de la izquierda en Estados Unidos durante los últimos años?

Podemos comenzar en los años 60, en los que hay una revitalización de la izquierda en Estados Unidos. Se trata de una izquierda que aparece en un momento de prosperidad y a partir del movimiento por los derechos civiles y contra la guerra de Vietnam, pero hacia el final de esta década la parte mas seria de esta nueva izquierda intenta conectarse al movimiento obrero. A finales de los 60 y comienzos de los 70 asistimos a una revuelta laboral muy grande en los Estados Unidos, especialmente por parte de los militantes de base, ya que las burocracias sindicales no están respondiendo a la ofensiva capitalista que se desencadena en ese periodo. Así que los marxistas esperábamos que se abriese un ciclo típico de crisis capitalista y ofensiva obrera, pero estábamos muy equivocados. A medida que la crisis se hizo más grave, las grandes revueltas que estaban ocurriendo a nivel mundial fueron aplastadas- como en Chile- o integradas en el sistema -como en España y Portugal-, y lo mismo pasó en Estados Unidos. La culpa no fue solamente de la izquierda: nosotros habíamos concentrado nuestras energías en la clase obrera industrial -la industria del automóvil, del acero, del transporte- pero, tal y como pasó en el País Vasco y en Galicia, la desindustrialización fue un golpe muy duro: las industrias comenzaron a colapsar y la clase obrera a dispersarse. En vista de esto, la izquierda se dedicó esencialmente a los movimientos de solidaridad -como por ejemplo con Latinoamérica- pero de forma episódica. En 1991 hubo un gran movimiento contra la guerra de Irak, y a partir de ahí entramos en el peor período para la izquierda norteamericana en todo el siglo veinte. Clinton completó el proceso haciendo creer que el suyo era un gobierno progresista, cuando se trataba de uno de los regímenes de derecha neoliberal más sistemáticos del mundo, un régimen capitalista increíblemente exitoso, la llamada Tercera Vía que creó la pauta para los demás países.

De hecho Perry Anderson publicó en enero de 2000 un editorial en la New Left Review -de la que eres editor- con un tono muy pesimista...

Si, pero de todas formas pienso que las cosas cambiaron desde entonces. En la década de los 90 la ideología del neoliberalismo parecía poderosa porque había toda esa historia de la Nueva Economía, pero una vez que entramos en recesión su atracción ideológica desapareció rápidamente. Lo que mantiene el statu quo no es una ideología coherente, sino un profundo cinismo y la sensación de que no hay alternativa. Clinton no hizo demasiado por mantener las apariencias de lo que podríamos llamar el paternalismo estatal, pero el boom del mercado de valores ocultaba la realidad. Ahora, Bush está llevando a cabo la ofensiva capitalista más explícita que podamos imaginar. Su estrategia consiste en mantener un conflicto internacional indefinido para desencadenar una respuesta patriótica y lograr así victorias republicanas que le permitan llevar a cabo políticas capitalistas extremas -reducción de impuestos, ataques al sistema de salud... Hay una conexión muy clara entre la política exterior de este gobierno y su política doméstica, y eso abre la posibilidad de que el movimiento contra la guerra incida en la política interna. Así que por ahora soy optimista, más de lo que he sido en los últimos quince años.

Esto nos lleva a la guerra contra Irak. En 1991 publicaste en New Left Review un artículo sobre las razones de la guerra en aquel entonces. ¿Cuales son las auténticas razones que llevaron a Estados Unidos a invadir Irak esta vez?

Creo que sería un error pensar que se trata de "business as usual". Si miras el mundo en 2000, lo que ves es lo siguiente: la gran revuelta obrera de comienzos de los años 70 fue completamente erradicada, los movimientos de liberación nacional que accedieron al poder - Angola, Mozambique, Nicaragua e El Salvador- fueron aplastados en un baño de sangre por la intervención norteamericana, directa o indirecta... En 1990 la Unión Soviética colapsa, y en los 90 Rusia y China toman la vía capitalista de la manera más extrema y mezquina y buscan el apoyo de los Estados Unidos y del Fondo Monetario. Incluso Corea del Norte intentó, en 2000, llegar a un acuerdo con la administración Clinton, e Irán apoyó la aventura en Afganistán. Lo que intento decir es que en 2000 los Estados Unidos habían eliminado cualquier posible amenaza geopolítica. Si al comienzo de la campaña Gore-Bush hubieses dicho que iba a haber una serie de intervenciones coloniales en Oriente Próximo, todo el mundo habría pensado que estabas loco, porque no había ninguna razón para hacerlo desde el punto de vista del capital o del establishment. Entonces, ¿por qué las hubo? Algunos piensan que en realidad siempre quisieron hacer algo así, pero que tuvieron que esperar hasta el 11 de septiembre para tener una excusa. Pero yo no creo que eso sea cierto, porque incluso después del 11 de septiembre mucha gente del establishment (como Baker, Kissinger, Schwarzkopf e incluso Powell) no estaba claramente a favor de una guerra en Irak ni en ningún otro sitio. No creo que esta ofensiva imperialista esté al servicio de la acumulación del capital, ni creo que se trate de petróleo en el sentido de garantizar una fuente de crudo, porque las principales compañías petrolíferas llevaban tiempo pidiendo el fin de las sanciones, y pensaban que podían llegar a acuerdos con Sadam. Lo que pasa es que cuarenta y un miembros del gobierno de Bush tienen conexiones directas con el petróleo, y lo que quieren es privatizar el petróleo iraquí para repartírselo entre ellos. Así de miserable. Otro aspecto muy importante es el enorme poder de la derecha sionista dentro de este gobierno, encabezados por Wolfowitz: uno de los objetivos es eliminar Siria, Irán y cualquier otra amenaza para la seguridad de Israel, incluso Arabia Saudí, y eso explica en gran medida este programa de cuasi-colonización. Así que tenemos intereses petrolíferos muy específicos, un poderoso interés sionista, y una concepción neocolonial.

Pero incluso teniendo en cuenta todo esto, creo que no podemos entender lo que está pasando si no incluimos los aspectos domésticos de esta política. Como decía antes, la guerra permanente contra el terrorismo proporciona un programa a largo plazo para el partido republicano, que está tan a la derecha que no puede ser elegido en las urnas en circunstancias normales. Lo preocupante de todo esto es que si hay una crisis capitalista seria, estas aventuras imperialistas de pillaje resultarán muy atractivas. Además, el aumento del gasto militar y el keynesianismo militar son soluciones obvias en tiempos de crisis. Ahora bien, si usas métodos keynesianos para mantener la economía, relanzas el empleo y los salarios, y por lo tanto necesitas un régimen mucho más duro con los trabajadores. Así que el programa actual de los republicanos, que no obedece por ahora a razones sistémicas, podría volverse apropiado para el sistema en su conjunto si la situación económica se pone muy negra. Sabemos muy bien que los regímenes fascistas aparecen cuando la acumulación capitalista se bloquea, e intentan relanzarla a través del imperialismo redistributivo y del gasto militar. Bush y su equipo son una especie de fascistas prematuros, pero si hubiese una recesión económica seria podrían convertirse en fascistas necesarios.

Libro recomendado:
Robert Brenner: La expansión económica y la burbuja bursátil. Editorial Akal, 2003.