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Salvador Allende

12 de septiembre del 2003

Chile: El pueblo mapuche y el golpe militar

Mauricio Buendía
Punto Final
La memoria mapuche es antigua, como el canto del ñankucheu y las aguas añil del lago Budi. Es fértil, pues contiene la simiente de una verdad que han gritado al viento desde que el tráfago de arcabuces y alabardas irrumpió en las tierras del sur. Que macularon sus tierras, sus mujeres y sus sueños de libertad. Y lo mismo hicieron los militares cinco centurias más tarde, por ello el mapuche no olvida, porque "para nosotros los derechos humanos se vienen violando desde que invaden nuestro territorio y no nos hemos olvidado de lo que nos han hecho".

Así, sereno, pero de manera categórica, sostiene Francisco Caquilpan, presidente de la Corporación de Comunicaciones Mapuche Xeg-Xeg. Es que el golpe militar y su secuela represiva se expresaron de manera particularmente violenta en territorio mapuche, pues los latifundistas, apoyados por las fuerzas armadas, ejercieron su venganza ante la reforma agraria llevada a cabo por el gobierno de la Unidad Popular. Dicha reforma implicó que por vez primera los campesinos, muchos de los cuales eran mapuche, tuvieran la posibilidad real de poseer la tierra que les pertenecía, pero que les había sido usurpada por las clases dominantes.

El gobierno de Eduardo Frei, no obstante sus promesas electorales de otorgar tierras a 100 mil familias campesinas, tan solo proporcionó tierra a 20 mil de ellas a través de un incipiente proceso de reforma agraria. Sin embargo el gobierno de la Unidad Popular fue mucho más lejos, puesto que durante los dos primeros dos años de su gestión, y a pesar de todas las dificultades impuestas por la oposición tanto interna como externa, logró expropiar más de 3.500 fundos con un área total de 5 millones de hectáreas. El nivel de organización alcanzado por el movimiento campesino permitió contribuir al desarrollo y, en muchos casos, acelerar el proceso de reforma agraria. De hecho, una parte significativa de dichas fuerzas propugnaba una revolución agraria, verificándose tomas de predios más allá de lo estipulado en el programa del gobierno popular.

Para Pedro Cayuqueo, ex dirigente estudiantil mapuche, "el protagonismo alcanzado por muchos sectores de comunidades en la ocupación efectiva de fundos y haciendas en la zona sur, la reorganización estudiantil liderada por la Federación de Estudiantes Indígenas, el surgimiento de importantes organizaciones en ese tiempo mal llamadas "campesinas", la realización de grandes Congresos Mapuche, la estrategia de alianzas con sectores revolucionarios chilenos, por ejemplo, dan cuenta de un proceso reivindicativo que involucraba un salto no menor en el proceso de lucha de nuestro pueblo. Todo eso, claro está, apoyado por una serie de medidas impulsadas por el gobierno de la Unidad Popular que efectivamente reconocían los derechos de nuestra gente sobre sus territorios usurpados, así como un mayor respeto a nuestra cultura y formas tradicionales de organización".

Toda esta actividad suscitó el odio de los latifundistas y, por lo mismo, "la represión no la hicieron solo los militares, sino que los dueños de fundo que tenían toda la información. Ellos manejaban las listas y tomaban la decisión de a quien detener torturar o fusilar". La venganza de los latifundistas fue feroz y, en algún momento, producto de la represión generalizada por parte de civiles y militares "nos quedamos solos como mapuche, los sectores que luchaban a favor nuestro desaparecieron. El movimiento social desaparece, el movimiento estudiantil, el Movimiento Campesino Revolucionario MCR, que tenía mucha fuerza también", señala Rosamel Millaman, antropólogo y profesor de la Universidad Católica de Temuko.

La mencionada soledad tenía que ver, por cierto, con el repliegue de los sectores de izquierda, de hecho, el mismo Millaman pertenecía a las Juventudes Comunistas cuando era un joven estudiante en la Universidad de Concepción. "No estaba vinculado al movimiento mapuche. El golpe me llevó al movimiento mapuche. El día del golpe salí temprano del hogar Luis Emilio Recabarren donde vivía. Al pasar por la sede de la Jota veo solo destrucción. Traté de encontrarme con otros compañeros, pero todo el mundo estaba intentando esconderse. Incluso en un momento sentí gritos desde un cerro, era un grupo de compañeros que se estaba ocultando en el bosque. Otros trataban de organizar algún tipo de resistencia hasta que llegó la orden de que quedaba todo paralizado. Ahí dejé Concepción y viajé a Pitrufquen. En mi casa creían que estaba muerto. Partí al campo a Villarrica y ahí me di cuenta que la tortura fue grande en la comunidad. Era un sector con mucha presencia comunista y socialista y a los peñi los colgaron de los helicópteros".

REPRESIÓN DE MILITARES Y LATIFUNDISTAS

Tales expresiones de odio y racismo se dieron, por cierto, no solo en el sector cordillerano de Villarrica, sino que en muchas otras zonas de territorio mapuche. Carmen Curihuentro, de la comunidad Francisco Curihuentro en el sector de Carahue, era una niña pequeña al momento del golpe, pero recuerda vívidamente que con sus hermanas y hermanos cuidaban "chanchos y ovejas cerca de la carretera principal que unía Carahue con Temuko por el bajo. Yo veía todo, como los milicos pasaban en camiones apuntando sus armas. Iban a saquear las casas y la gente tenía mucho temor y nadie decía nada". Después, en la escuela tampoco se hablaba nada. No se podía decir nada. Nos hacían cantar la canción nacional. Con amigos mapuche podíamos discutir e intercambiar opiniones y escuchábamos canciones de Silvio Rodríguez y Pablo Milanés".

El miedo que se entronizaba en aquella comunidad también se replicaba en otras, en Panguipulli, Ercilla y Melipeuco - dice Caquilpan - hubo mucha represión llevada a cabo por milicos, pacos, Fach, dueños de fundo. La represión hacia nuestra gente fue terrible, los mataron en su propia casa. Y ahí quedó sola la señora o la hijita que vieron todo. Hay familias en Lautaro, por ejemplo, donde están desaparecidos 4 hijos. Se ensañaron con los mapuche. La tortura fue en presencia de la familia. A Juan Eleuterio Cheuquepan, que solo tenía 15 años, le quebraron los brazos y después se lo llevaron. Caquilpan tenía la misma edad para el golpe militar, pero ello no fue óbice para que lo detuvieran y tuviera que soportar "una fuerte tortura, a pesar de mi edad. Ahí uno se da más cuenta que nunca que el racismo existe. Te decían: además de revolucionario, soy indio. Y más te golpeaban". Nada importaba que tan solo fuera un niño, aunque a su corta edad ya "era dirigente de la Federación de Estudiantes Indígenas. Trabajaba de día y estudiaba en la noche, porque me había venido del campo con las mismas aspiraciones de todos los jóvenes que emigran y sabía que era importante estudiar. Era el año 70 y estaba toda la euforia de la Unidad Popular y me incorporé rápidamente al movimiento estudiantil. Desde pequeño participé en organizaciones mapuche, acompañando siempre a mi padre, escuchando siempre a los viejos en mi comunidad".

También escuchaba a su corazón que le decía que su lugar estaba con los más pobres y por eso trabajó en los Traperos Emaús y "ahí hicimos cosas importantes a nivel campesino y poblacional. Caímos todos presos y el único que quedó acá fui yo, el resto salieron todos al exilio. Fue una opción personal, priorizando la relación con mi familia. Vivimos en la pobreza por décadas. Todo lo que ganaba iba a la alimentación de mis hermanos. Pero era natural, porque la solidaridad es cosa intrínseca en nuestro pueblo. Además de la pobreza, estuve firmando largo tiempo, sin poder salir de la región. Me expulsaron del liceo, no me admitieron más. No pude ingresar más a la enseñanza media. Solo el año 93, veinte años después, pude terminar mi educación".

En ese sentido, Rosamel Millaman fue más afortunado, pues logró retornar a Concepción y a la universidad. Una vez allí, " empecé a dar un giro en mi compromiso político hacia lo mapuche. Al poco tiempo teníamos un centro de estudiantes mapuche. Esto se vincula también a los centros culturales mapuche que nacen acá en Temuko en 1979, luego de la aprobación de la ley indígena. En concepción hicimos las semanas culturales mapuche, una de las actividades más masivas después del golpe. Cerca de 3 mil personas logramos reunir en el gimnasio de los curas al lado del regimiento. Todo esto a pesar que la represión era fuerte, de hecho, la CNI mató a un compañero del MIR haciéndolo explosar como una advertencia a todos nosotros. Pero el trabajo hacia las comunidades en Arauko, por ejemplo, se siguió haciendo igual, la organización mapuche continuó fortaleciéndose hasta que se realizó en 1980 el Congreso de los centros culturales mapuche en la ciudad de Temuko".

También en esa fecha, Millaman fue elegido dirigente nacional de Ad -Mapu, una de las principales organizaciones indígenas de la época. Es más, es posible afirmar que es en estos centros culturales donde han de hallarse los gérmenes de la reorganización del movimiento mapuche y de su desvinculación paulatina con la forma tradicional de hacer política en Chile en la esfera de la problemática indígena. Es decir, una izquierda que se relacionaba con los pueblos y problemas indígenas a través de la militancia y, en muchos casos, a través de la imposición de sus políticas partidarias en desmedro de los intereses reales de los pueblos originarios.

Es en este contexto que Cayuqueo reflexiona acerca del golpe de estado, manifestando que "si bien el programa de Salvador Allende no contemplaba el respeto de nuestros derechos fundamentales como pueblo, como la autodeterminación o la autonomía que hoy se esgrime con inusitada fuerza, enmarcando más bien nuestras reivindicaciones y demandas dentro de la visión clásica marxista del "campesinado", sí permitió mayores espacios políticos de libertad y de maniobra que por supuesto fueron aprovechados por las organizaciones mapuche existentes en ese tiempo. No se trató de un gobierno ideal para los mapuche, pero si de un gobierno revolucionario y democrático que supo ganarse el aprecio y el respeto de muchos dirigentes tradicionales de aquella época. Todo este proceso se vio tras el golpe militar del 11 de septiembre violentamente interrumpido. Lo que vendría después no sería sino la consecuencia de todo lo anterior. Al igual como ocurriría con los sectores populares chilenos, las organizaciones mapuche fueron declaradas ilegales, sus dirigentes perseguidos y una gran cantidad de ellos asesinados hasta el retorno de la supuesta democracia. Hoy existe un listado superior a los 200 militantes mapuche asesinados, ejecutados políticos y/o detenidos desaparecidos que refleja esta cruda realidad". No cabe duda que la violenta represión contra el pueblo mapuche tiene una innegable centralidad durante el período dictatorial.

UN ANTES Y UN DESPUÉS DEL GOLPE MILITAR

No obstante, un elemento importante a considerar en el análisis del golpe militar y sus consecuencias en el ámbito mapuche, afirma Pedro Cayuqueo - "es el paso tras el golpe de un planteamiento político mapuche esencialmente campesinista a otro nacionalitario y que cruza hoy a parte importante del movimiento mapuche desde fines de los 90'. Proceso que, a diferencia del que existió en los 60' o 70', adquiere hoy una débil connotación campesinista en beneficio de una visión nacionalitaria mucho más marcada, independiente -aún cuando no desligada- del proceso de reconstrucción politico-social impulsado por la izquierda chilena y que encuentra en su identidad étnica anteriormente negada, el sustento para nutrir un proceso que no por casualidad algunos hermanos se atreven a denominar como de "liberación nacional". Creo firmemente que el golpe de estado marca para el movimiento mapuche en el ámbito de su proceso de lucha política, un antes y un después. Un antes caracterizado por su vinculación con la izquierda y una mirada campesinista del conflicto chileno-mapuche, y un después marcado por la irrupción de ideas de autonomía y libredeterminación nacional. Esa es una consecuencia no menor, sin duda, a 30 años de ocurridos estos hechos".

Décadas, no solo de represión al pueblo mapuche, sino que también de resistencia y lucha, pues, cono indica, Caquilpan, "los mapuche nos enfrentamos a la dictadura y ahora nos hemos enfrentado al modelo, a las grandes empresas transnacionales. Eso demuestra que cuando la gente tiene principios sólidos no es fácil vencernos ni tampoco ocultar cosas como pretende hacerlo este gobierno. Una cosa es lo que el gobierno quiere y otra es lo que el pueblo decide. No creo que la generalidad de las familiares de los detenidos desaparecidos, ejecutados o torturados, con los sentimientos, valores, principios, que han demostrado siempre, acepten borrar la memoria histórica con un decreto ley que diga que aquí no ha pasado nada. De las matanzas se encargaron los dueños de fundo" y de la muerte de nuestra historia se están encargando la clase política y las fuerzas armadas, pero la memoria mapuche es antigua y tiene vocación de futuro. No permitirá que el olvido y la impunidad prevalezcan en nuestro territorio.

Kolectivo Mapuche Lientur: http://www.nodo50.org/kolectivolientur