27 de octubre del 2003
El estado genocida de Israel
Ramon Ángel Romero
Rebelión
La Asamblea General de Naciones Unidas a condenado por mayoría
abrumadora la construcción del muro en Cisjordania, con el voto en contra,
faltaría mas, de EEUU. Un muro que esta permitiendo al país hebreo
anexionarse de hecho grandes extensiones de Cisjordania, aislando al tiempo
amplias zonas palestinas e impidiendo el acceso de estos a sus recursos naturales,
como son el agua y las zonas agrícolas.
El estado asesino de Israel, no contento con la masacre del lunes, sigue con
sus incursiones y ha recibido la condena unánime internacional a las
acciones bélicas que esta desplegando en Gaza y Cisjordania y que se
ha cobrado la muerte de otro joven palestino mediante un balazo en la cabeza,
cuando se oponía con piedras a los blindados judíos.
Las barbaridades sionistas ya claman al cielo. Al asesinato criminal del otro
día, cuando un misil masacro a los viandantes que intentaban ayudar a
los palestinos atrapados en el interior de un vehículo previamente bombardeado,
se une el asedio de las mezquitas, la destrucción de miles de viviendas
y las detenciones indiscriminadas, cuando no el magnicidio mas espantoso.
Sin embargo, la comunidad internacional se limita simplemente a condenar las
acciones violentas israelíes, sin adoptar ninguna otra iniciativa.
Y la sociedad israelí asiste imperturbable al costo humano que suponen
las acciones agresivas de su gobierno.
Unos y otros somos cómplices del genocidio, de los crímenes de
guerra.
Además, con esta actitud, se fortalece la política diplomática
de pandilleros irreverentes desplegada por Israel y de la cual dejó una
buena muestra su embajador en la Asamblea General.
Si la masacre y exterminio palestino no se detienen mediante decisiones valientes
y comprometidas procedentes de la comunidad internacional, se estarán
justificando futuros atentados, ya no solo en Israel, sino en cualquier parte
del mundo.
El silencio y la condescendencia internacional se convierten en cómplices
de este genocidio y esto, ante la afrenta que están sufriendo los palestinos
y la inactividad mundial en defensa de su justa pretensión, asistiendo
a la vez imperturbables al exterminio de todo un pueblo, nos sitúa entre
las filas de los verdugos. Nos sitúa entre los asesinos.