Intelectuales y víctimas, en contacto
El robo del deseo
Agradecemos este material a
www.lavaca.orgA la orilla del río, Naomi Klein y Michael Hardt tuvieron una reunión con Neka, del MTD argentino, y un sudafricano que llegó a Porto Alegre clamando en cada conferencia por sus compatrotas desalojados y presos. Neka habló de lo que siente un desocupado, porque Hardt no alcanzaba a comprenderlo. Ahora programa viajar a Buenos Aires.
Después de la charla sobre autonomía, de la que participaron varios integrantes del Movimiento de Trabajadores Desocupados (MTD) de Solano, la canadiense Naomi Klein quiso presentarles a alguien que la acompañaba. Era el estadounidense Michael Hardt, el señor Imperio (el libro que escribió con el italiano Toni Negri).
La historia necesita una breve explicación.
O dos.
La primera es que Naomi entrevistõ para el documental que realiza en la Argentina a Neka, una de las integrantes del MTD de Solano, con quien compartió largas horas de de charla.
La segunda explicación es más larga.
En por lo menos dos charlas del Foro desarrolladas en la PUC, un muchacho negro, flaco y largo, logró anotarse siempre en el primer lugar de la lista de preguntas. La suya era concreta:
-Pertenezco al movimiento Anti Eviction (Contra los Desalojos), de Sudáfrica. El gobierno nos ha declarado ilegales y tenemos varios compañeros presos. ¿Qué pueden hacer para ayudarnos?
La misión de este militante del movimiento con muchas equivalencias a los piqueteros argentinos, que lucha contra los desalojos de los barrios pobres y más marginados de Sudáfrica, era muy concreta: vino a buscar soluciones y nadie se las daba.
Se las pidió al panel donde estaba el respresentante del Foro Europeo, el italiano Vittorio Agnoletto y no se la dio. Allí participaba también Ezequiel Adamovsky, un argentino integrante de la Asamblea del Cid Campeador, que conoció a a uno de los dirigentes del movimiento, Max Ntanyana, cuando visitó el país para participar del Foro Temático de Buenos Aires, y organizó protestas frente a la Embajada de Sudáfrica (toda esta aventura puede leerse en www.lavaca.org clickeando en "Foro Social", "Epílogo del FSM" y "Max Ntanyana en acción").
Fue Ezequiel quien escuchó por segunda vez la pregunta en otro panel del que participaba. Al terminar, se acercó al muchacho, quien le contó la historia. Tienen varios detenidos y no pueden liberarlos porque los abogados les cobran 50 dólares por cada uno para presentar el escrito que puede excarcerlarlos. Sin recursos ni ayuda en su país, consiguieron que se hiciera en el exterior una colecta para pagarle el viaje y no podía usar ni un minuto de su tiempo para otra cosa que no fuera buscar la ayuda que necesitaban.
Ezequiel comentó la historia a Intergalactika, que preparó especialmente una proyección del video que traía el sudafricano para difundir su lucha y su pedido.
También se lo comentó a Naomi Klein. Y Naomi, a Hart.
Allí estaban entonces, reunidos al costado del río, los dos escritores y los dos respresentantes de movimientos. La argentina y el sudafricano. Piqueteros los dos. Marginados.
Hardt escuchó la historia de uno y otro, idénticas en la lucha, pero diferentes en las urgencias. Anti Vitcttion necesitaba dinero. Neka no pedía, en cambio, nada.
Quizá por eso, fue a ella a quien Hardt dirigió una pregunta impensada. Le dijo, más o menos, esto, aunque con palabras aún más complicadas:
-Es algo teórico, pero que me interesa entender para comprender una diferencia escencial entre el obrero asalariado y el desocupado. ¿Cómo afecta el sistema a un desocupado, desde el punto de vista de su identidad social?
Neka le explicó lo que ella veía. Que el sistema no solo lo privaba de un salario, es decir de su capacidad para comprar cosas o subsistir. Sino de sus deseos. Porque el sistema le había impuesto un modelo de valores basados en el dinero. Trabajar, entonces, era participar de esos deseos de, algún día por más remoto que parezca, alcanzar cosas que no solo tenían que ver con el confort, sino con el progreso, los sueños.
Neka lo dijo mejor. Más sencillo y profundo. Y tal vez más concreto. Pero fue la palabra deseo -un concepto que Hardt trabajó en su libro, ese que Neka no leyó- lo que lo dejó perplejo.
Luego, hubo planes esbozados allí mismo para formar un Fondo Antirepresión que ayude a casos como el del sudafricano.
Y hubo más.
Al costado del río, Hardt se quedó con la impresión de que tal vez había llegado el momento de conocer Buenos Aires.