LAS
MADRES EN EL FORO
SOCIAL MUNDIAL
En
Porto Alegre, Brasil, Enero del 2001
El día
que el pueblo sea feliz
En nombre de los miles y miles de desaparecidos en Latinoamérica, en
nombre de nuestros queridos hijos, y en nombre de todas las Madres que forman
la organización, les damos las gracias por el recibimiento, y porque
nos permiten seguir sintiendo que en estos foros los miles y miles de desaparecidos
en Latinoamérica están más vivos que nunca, más
presentes todavía.
Hace casi 24 años un pequeño grupo de mujeres sin experiencias
ni mayor preparación política, que no sabíamos para dónde
ir ni qué hacer, fuimos por primera vez a la Plaza de Mayo para reclamar
por nuestros hijos. Y ahí nos quedamos. Porque ahí nos sentimos
iguales. Nos encontrábamos, nos contábamos una a la otra la misma
historia de dolor y así fuimos sumando más y más Madres.
Hemos pasados duros años sin faltar un solo jueves, con frío,
calor, lluvia o viento. ¿Qué aprendimos en el camino?
Nos habían llevado a los hijos, no sabíamos nada de las causas.
De repente alguien empezó a decir: es para poder aplicar el plan económico.
Ese plan económico al que los chicos se enfrentaron y que todas las organizaciones
revolucionarias repudiaron. Por eso hoy para mí es un sueño estar
en este Foro, para repudiar también este plan económico de hoy
que es el mismo de ayer, que no ha cambiado más que el maquillaje, y
que no se puede llevar a cabo sin la destrucción del opositor político
en toda Latinoamérica.
Después de las dictaduras de la muerte llegaron los gobiernos constitucionales
impuestos por el Fondo Monetario, por Estados Unidos. Nosotras ya teníamos
claro que iba a ser más de lo mismo, la misma política social
y económica del terror. Porque en mi país hay ocho millones de
desocupados y subocupados. Hay miles de personas que se mueren de hambre y por
enfermedades de la pobreza. ¡Las Madres decimos que la falta de trabajo es un
crimen, y que ese crimen alguien lo va a tener que pagar!
Las Madres también hace varios años denunciamos a viva voz que
los gobiernos latinoamericanos, impuestos por los mismos que destruyeron nuestros
países, están pagando la deuda con vidas, y no las de ellos, las
nuestras.
Se habla mucho de que crece la deuda, que crecen los intereses. Pero lo que
realmente crecen son las muertes.
En este momento, mientras estamos hablando aquí, están muriendo
miles y miles de niños de hambre en el mundo; y esos niños tienen
madres y padres que no saben que existe Davos, que no saben nada de Porto Alegre,
que no saben nada de nada. Porque los poderosos apuestan a mantener pueblos
ignorantes, pueblos que no sepan leer ni escribir, que no tengan formación.
Por eso para nosotras es tan importante estar aquí, con esta fuerza que
define a las Madres, mostrando que seguimos el camino de nuestros hijos, que
levantamos sus mismas banderas, que socializamos la maternidad y que ya no somos
más Madres de uno o de dos luchadores, ¡somos Madres de todos los que
luchan por la vida, de quienes dieron hasta su vida por la vida!
Es posible construir otro mundo, es necesario, porque si no vamos a morir arrastrados
como gusanos, que es lo que quieren los poderosos. ¡Y los únicos gusanos
son ellos! Nosotros estamos con la cabeza alta aquí en el Foro, discutiendo,
diciéndoles: "¡Señores, basta! ¡Ustedes nos deben vidas y alguna
vez se las vamos a cobrar!"
Estamos convencidas que el sistema capitalista tiene mil maneras de comprar
las conciencias: monumentos, museos, dinero... Nuestros hijos no dieron la vida
para estar en un museo, ni para que les hagan un monumento. En Buenos Aires
se está trabajando para un monumento y las Madres ya hemos dicho: "¡Lo
vamos a volar! ¡No queremos monumentos, queremos justicia!"
De palabras estamos hartas. Esto lo aprendimos en las calles, lo aprendimos
en las plazas, lo aprendimos con los compañeros cortando las rutas. Esos
compañeros que porque cortan las rutas inmediatamente son procesados.
Esos compañeros que toman las tierras y también los procesan.
Porque los que se quedan con las tierras, los ricos que las robaron antes, están
en el gobierno y están ocupando cargos, también en la justicia,
pervirtiéndola.
Nunca van a denunciar ni a investigar a una multinacional, porque son las que
pagan las campañas a los políticos. Por eso ni la Pepsi, ni la
Coca Cola, ni los Ledesma de la Argentina nunca entraron en los juicios. Aunque
ellos ponían sus camiones para secuestrar y torturar. Y no permitieron
que ni jueces ni políticos fueran juzgados, porque dependen de ellos.
Ellos son mucho más dependientes que nosotros.
Nosotros hacemos propia la suerte que tiene Brasil de tener a los Sin Tierra,
el movimiento más increíble, más sólido, más
importante y más comprometido. ¡Bien compañeros Sin Tierra por
sus avances!
Y tenemos a los zapatistas que están marchando para ver si llegan a ciudad
de México. Esos compañeros brillantes, que salieron un día
cuando parecía que todo estaba perdido, cuando muchos decían que
no existían más ideologías, que habían muerto. Cuando
a muchos se les había caído el Muro en la cabeza. Aquel primero
de enero del 94, ¡qué alegría! No porque empezaba el año
sino por los hombres y mujeres que se habían jugado para decir: "¡Aquí
estamos para hacer lo que nos corresponde!"
Y los compañeros de las FARC en Colombia, que están siendo acusados
de narcotraficantes cuando todo el mundo sabe que el país que más
drogas consume es Estados Unidos, y que sus bancos y financieras lavan ese dinero
sucio.
Estados Unidos es el país más terrorista, que más países
invade, que más bombas arroja, que más países somete, que
más viola impunemente los derechos humanos
Aquí estamos nosotras para denunciar, para no callarnos. No importa cuánto
nos peguen y nos persigan. No silenciarán nuestras voces. No podrán
apagar el pensamiento vivo que se genera en la Universidad Popular de las Madres.
Tuvimos hijos tan valientes. Y no hablo sólo de la Argentina. Hablo de
todos: uruguayos, paraguayos, chilenos, salvadoreños, peruanos. Y todos
siguen en la lucha, más grande o más chica. Porque no nos van
a convencer con esta globalización -como ellos la llaman- . Ellos creen
que repitiéndolo muchas veces, como hacían los nazis con las mentiras,
nos van a convencer. ¿Tan poco valoran nuestra experiencia, nuestra conciencia?
Se equivocan. Y la historia enseña que las arrogancias del poder se pagan
caras.
Nosotros estamos acá porque no les creemos, porque no queremos que este
monstruo se coma todo. No acatamos ni nos subordinamos al nuevo orden internacional
del imperialismo.
¿Quiénes hablan de la paz? Los países que construyen para la guerra.
Los países que dirigen el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Esos
que dicen que nunca van a firmar para el convenio para formar un Tribunal Penal
Internacional. Ya dijeron: "Nosotros no vamos a permitir que el Tercer Mundo
nos juzgue".
También Naciones Unidas es cómplice. Llega tarde a todos lados.
A las guerras y a nuestros países. Nunca investigó a las dictaduras
que impusieron el terrorismo de Estado. No les convenía, porque al frente
estaban sus amigos, sus sirvientes, los que se prestan a administrar la pobreza
y matar a los pobres cuando se levantan.
Estamos convencidas que otro mundo es posible.
Estamos convencidas que la revolución tarda, pero llega.
No importa si no la vamos a ver. No nos importa a las Madres, que somos muy
viejas ya, si no vemos la revolución que amaron nuestros hijos y por
la cual dieron la vida, alegres, hermosos, convencidos, solidarios, coherentes.
Cuando decimos "Aparición con vida de todos", no elegimos al que peleó
con un fusil en el monte, al que estaba en la Iglesia del Tercer Mundo, al que
alfabetizaba, al que enseñaba, al pibe que se comprometía en el
secundario, al que cantaba una canción de amor y denuncia... Somos Madres
orgullosas de todos. ¡Ellos viven, y no van a morir nunca mientras haya uno
solo que levante su puño para decir que otro mundo es posible y que está
comprometido para construirlo! Estamos aquí para decirles, que el día
que el pueblo sea feliz, que la revolución triunfe, ahí habrá
sido recogida para siempre la sangre de todos los nuestros. La sangre de nuestras
furias y de nuestros amores.
Estos son los conceptos fundamentales que Hebe de Bonafini expresara en el Foro celebrado en Porto Alegre en el mes de enero de 2001.