Las
fronteras son esos lugares casi mágicos, donde el Sur se junta y se funde
con el Norte (y el Este con el Oeste).
Así es como el Norte de Argentina se junta y se funde con el Sur de Brasil.
Por eso, cuando los argentinos queremos encontrarnos con los brasileños
tenemos que viajar hacia el Norte y ellos hacia el Sur para encontrarse con
nosotros.
Las fronteras no son ni buenas ni malas. O las dos cosas a la vez. Todo depende
de lo que queramos hacer con ellas. Sirven para separarnos o para unirnos. ĦA
veces sirvieron para matarnos!...
Lo cierto es que los hombres, para juntarse, tienen que atravesar o superar
fronteras.
Eso es lo que hicieron los ricos del planeta, hace 30 años.
Siempre en enero, se vienen encontrando, provenientes de los cuatro puntos cardinales,
en la helada (para esa época del año) ciudad de Davos en Suiza.
Lo hacen para estudiar juntos la mejor manera de ser cada día más
ricos. A su encuentro lo llaman Foro Económico Mundial (FEM).
De allí salieron, durante esos 30 años, casi todos los inventos
con los que fueron construyendo eso que llamaron el Nuevo Orden Mundial, donde
los pobres son cada día más numerosos y más pobres y los
ricos cada vez más escasos, pero más ricos.
De allí salió la famosa globalización, para hacernos creer
que el zorro es igual que las gallinas y que por eso hay que abrir la puerta
del gallinero. Libre mercado llamaron a eso y los pobres, que nunca estuvimos
bien en este planeta, empezamos a estar mucho peor.
Se abrió la puerta del gallinero. Con el zorro adentro apareció
la desindustrialización de los países pobres, porque los países
ricos, como el zorro, eran mucho más fuertes y, por lo tanto, más
"competitivos" que nosotros.
Y la desindustrialización trajo de la mano a la desocupación que
se convirtió en exclusión definitiva de millones de personas,
convertidas en semi mendigos.
Inventaron hermosas palabras, como "desregulación", "privatización",
"estabilidad", que trajeron perversas realidades, como la recesión, la
desestabilización...
De Davos salió la idea de que la distribución de las riquezas
vendría del desborde del vaso lleno de los ricos. Por eso todos tendríamos
que trabajar para llenarlo. La experiencia nos fue demostrando que el vaso jamás
rebalsa porque no tiene fondo...
30 años de Davos y sus políticas económicas trajeron al
mundo más pobreza, más hambre, más injusticias, más
contaminación y un desequilibrio ecológico que amenaza seriamente
con la extinción de la propia especie humana.
Era tiempo
de despertar y los pobres, por fin, despertamos. Entendimos que era necesario
hacer lo que hacían los ricos, pero al revés...
Nos dimos cita en un lugar y ese lugar fue Porto Alegre, en el Sur caliente
de Brasil o sea el Norte de Argentina.
Y los brasileños viajaron hacia el Sur y los argentinos viajamos hacia
el Norte. Y vinieron también los pobres del Este y del Oeste, de todos
los continentes y países del mundo.
Y ese encuentro se llamó Foro Social Mundial (FSM).
Y juntos, los pobres nos dimos cuenta y lo gritamos a los cuatro vientos en
Porto Alegre y lo seguiremos gritando por el planeta entero: OTRO MUNDO ES POSIBLE,
si ponemos la voluntad de construirlo entre todos.
Descubrimos de repente que era mentira lo que Davos nos decía, cuando
nos decía que éste era el único mundo posible.
En Porto Alegre, los pobres hablamos de economía, de finanzas, de política,
de producción y distribución de la riqueza, de comunicación
y organización. Aceptamos la globalización como una característica
importante del mundo futuro y nos comprometimos a construirla diferente de la
de ellos.
Pero también hablamos y comenzamos a poner en práctica la solidaridad
y la fraternidad. No negamos las fronteras existentes entre negros y blancos,
entre mujeres y hombres o entre las capacidades diferentes que dividen a las
personas y a los pueblos; pero resolvimos que esas diferencias y fronteras pueden
convertirse en lugares de encuentro y hermandad y no de lucha y destrucción.
Y, en medio de este hervidero de gestos, palabras, propuesta y protestas, a
alguien se le ocurrió la feliz idea de poner en contacto a Porto Alegre
con Davos.
Fue un intento de diálogo absurdo, simulando, una vez más, la
ficticia igualdad entre las gallinas y el zorro.
Un puente televisivo que puso en contacto virtual a los ricos con los pobres
del mundo. Y el contraste apareció en toda su evidencia.
Desde Porto Alegre, la elocuencia de quienes abundan en argumentos por que tienen
la razón de su parte apabulló a los ricos de Davos que no supieron
articular ningún discurso coherente para refutar las grandes verdades
que venían del Sur.
Aceptaron cualquier cosa, menos que fuesen ellos los directos responsables de
la situación desesperante en que viven millones de personas en este vapuleado
planeta. La parte sensata del mundo comprendió, sin duda, que con esa
posición, de diálogo ni hablar...
Miguel Ramondeti