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Argentina, la lucha continua....

A 40 a�os de la muerte de Mario Roberto Santucho
Un recuerdo, un ejemplo, un modelo

Daniel Cecchini recuerda en esta nota el impacto que le produjo la noticia de la muerte de Mario Roberto Santucho. All� el sentido recuerdo personal. Cecchini nos recuerda tambi�n que cuarenta a�os despu�s, los restos del secretario general del PRT y comandante del ERP siguen desaparecidos, prolongando la intenci�n de hacer desaparecer tambi�n su ejemplo.

Por Daniel Cecchini*
(para La Tecl@ E�e)

El titular de La Gaceta de La Plata, le�do as�, de sopet�n, en las manos del canillita que lo expon�a sabiendo que iba a vender en esa esquina, fue una patada � no, patada no: un tiro � en las bolas. "Mataron a Santucho", dec�a la portada del diario, a seis columnas, con letras obviamente cat�strofe.

Ven�a caminando por la calle 1, desde 53 hacia 47, cerca de las tres de la tarde para encontrarme con Beto (Alberto Pe�n, desaparecido) para que me llevara tabicado a una reuni�n. El canillita me puso en la cara el titular en 1 y 50 -frente al ex comedor universitario, casi llegando a mi colegio Nacional � y, casi al mismo tiempo que el tiro en las bolas o apenas despu�s, me dije que era mentira, que no pod�a ser.

En 1 y 48 la cara de Beto me dijo todo. Es mentira, insist�, desde el optimismo voluntarioso de mis veinte a�os apenas cumplidos pero anclado en el pesimismo de la 45 que llevaba calzada atr�s, en la cintura, entre el culo y la espalda, para hacer la contenci�n si se daba el caso.

No, es cierto, me dijo Beto, ah�, parados en 1 y 48, casi congelados, mir�ndonos. Y recuerdo c�mo lo mir�. Lo vi con su cara un poco colorada en los cachetes, su bigote rubio que avanzaba sobre los labios y su incipiente pancita que a m� me parec�a condenable para un militante revolucionario, aunque ya tuviera 27 a�os.

No, es cierto, me dijo Beto y yo no contest�. La Gaceta � que �l ten�a en sus manos � dec�a que hab�an ca�do o matado tambi�n a Benito Urteaga, a Domingo Menna y al Pelado Gorriar�n Merlo.

No puede ser, dije. Todos juntos en un departamento sin escape, dije. No puede ser, dije.

Beto no me contest� eso; s�lo me dijo: El Pelado no cay�.

Y ah� Beto me puso un brazo sobre los hombros, yo baj� la mirada y cerr� los ojos, y me empez� a llevar caminando, tabicado, a la casa donde �bamos a tener la reuni�n, gui�ndome con su brazo, sin hablar. Hab�a que seguir.

No recuerdo mucho de esa reuni�n. Est�bamos los responsables pol�ticos de los diferentes frentes (en mi caso, el universitario), creo que tambi�n estaba Federico (Carlos Mart�nez, tambi�n desaparecido) con su mirada clara y ese d�a h�meda. S� me acuerdo de que lo que estaba planificado cambi� de repente. Y lo que s� recuerdo claramente es que esa noche, esa misma noche, la tarea fue salir a pintar.

Las pintadas no fueron todas iguales. Del Frente Universitario salieron cinco o seis grupos, por facultad. El grupo del Museo estaba a cargo del Nene (Alberto Far�as, desaparecido); el de Medicina lo arm� Luc�a, La Cu�ata (Marlene Kreguer Krug, desaparecida); el responsable de Ingenier�a era Le Duan (que sobrevivi� y le dec�amos as� porque se parec�a a lo que cre�amos que era un vietnamita); del resto no me acuerdo.

En la reuni�n previa, Le Duan propuso pintar "Comandante Carlos, hasta la victoria siempre" (Lo de Carlos ven�a por Carlos Ram�rez, el nombre de guerra que Robi Santucho hab�a utilizado en el libro del  IV Congreso del PRT). Le dije que no, que eso no lo sab�a nadie, y que hab�a que pintar "Mario Roberto Santucho, hasta la victoria siempre. AVOMPLA".

Para terminar con ese d�a, todos pintamos eso (yo sal� con un grupo de Arquitectura) menos los compa�eros que salieron con Le Duan, que pintaron como veinte Comandante Carlos sobre las paredes de la calle 2. Al d�a siguiente lo acus� de cortarse por la libre y llegu� a putearlo, lo que era un exceso para el estilo respetuoso que cultiv�bamos.

Pero eso no importa. Lo que importa es que esa noche, la noche del d�a que mataron a Santucho, en un momento en que la represi�n era terror�fica en todo el pa�s y alcanzaba niveles extremos en La Plata, nadie dej� de salir a pintar, con apenas unos cuantos aerosoles y unas pocas armas que de poco pod�an servir.

Lo que acabo de contar arriba es apenas una an�cdota, una de las tantas que pueden contar  todos y cada uno de los militantes del PRT-ERP que sobrevivimos al terrorismo de Estado peronista y a la dictadura que lo continu�.

Es un recuerdo personal.

Cuarenta a�os despu�s de la muerte de Mario Roberto Santucho, en esta Argentina de 2016 � en estos cuarenta a�os que han pasado -, s�lo quiero interrogarme sobre su legado.

No me refiero a su capacidad de an�lisis pol�tico, ni a su (a veces de manera excesiva) indiscutible liderazgo, ni a sus decisiones pol�tico-militares.

Me refiero a su legado revolucionario. A lo que su ejemplo - el ejemplo que imprimi� en cada uno de los militantes del Partido Revolucionario de los Trabajadores  y de los combatientes del Ej�rcito Revolucionario Pueblo � nos dej�, a�n a los militantes m�s j�venes en aquel entonces. Y nos lo dej� para siempre, como una manera de posicionarse y actuar en la vida.

Santucho nos ense�� que la pol�tica es una herramienta revolucionaria; y con su ejemplo nos mostr� que se puede y se debe entregar la vida a la pol�tica revolucionaria. Que se estudia, se trabaja y se vive para esa militancia pol�tica. Que se entrega todo sin esperar nada para s�. Que se vive y se muere para la pol�tica revolucionaria, pero que jam�s se vive de la pol�tica como lo hacen los pol�ticos burgueses. Porque un militante revolucionario jam�s vive ni saca beneficios personales de ella.

 Cuarenta a�os despu�s de la muerte de Mario Roberto Santucho, secretario general del PRT y comandante del ERP, sus restos siguen desaparecidos.

No es una casualidad, tampoco una simple revancha de los genocidas civiles y militares.

Es un intento � que les ha resultado, pero que a la larga ser� fallido - de hacer desaparecer tambi�n  su ejemplo. Un modelo de militante revolucionario que hoy hace mucha falta.

La Plata, 19 de julio de 2016

*Periodista

Fuente: lafogata.org

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