VOLVER A LA PAGINA  PRINCIPAL
Argentina, la lucha continua....

Ambig�edades de la gesti�n K y respuestas del progresismo

Mauro Paradiso

Cuando un analista pol�tico se propone escribir acerca del Kirchnerismo se enfrenta desde el vamos con una tarea complicada. No estamos ante una gesti�n que vaya indiscutiblemente hacia una direcci�n, como nos ocurr�a en los noventa, cuando sab�amos que el gobierno de Menem nos llevaba hacia la destrucci�n de la industria nacional, la desocupaci�n, las relaciones carnales con los Estados Unidos, con las multinacionales, etc. Por el contrario, desde la asunci�n de N�stor Kirchner hasta la actual gesti�n del gobierno de su esposa, el kirchnerismo se ha mostrado tan heterodoxo en distintas materias y agendas de su pol�tica que el espectro progresista se ha dividido y confundido. Empecemos por aquellos gestos y determinaciones pol�ticas que sedujeron al progresismo.
En la primera gesti�n que tuvo a N�stor Kirchner como presidente, el progresismo contempl� entusiasmado la derogaci�n de las leyes de obediencia debida y punto final, la entrega de la ESMA a las organizaciones de derechos humanos, la destituci�n de los jueces de la corte suprema corrupta que impuso el menemismo, los cambios en la c�pula de la Polic�a Federal, la renegociaci�n de la deuda externa con los bonistas privados con una quita del 75 % (lo cual en la pr�ctica result� ser mucho menor). Tambi�n a lo largo de las dos gestiones (de N�stor y Cristina) se observ� un proceso de revitalizaci�n del rol del Estado en la econom�a. Podr�amos mencionar la creaci�n de ENARSA (que de todos modos no es una empresa que se destaque por su magnitud y relevancia dentro del sector), la estatizaci�n del correo, la estatizaci�n de Aerol�neas Argentinas, el regreso al sistema previsional regulado por el Estado. Esta revitalizaci�n del rol del Estado era una demanda que se hizo escuchar cada vez con m�s estridencia en las universidades y ambientes intelectuales -aunque tambi�n desde distintos sectores de la sociedad- en la d�cada del noventa, cuando ya estaba haciendo estragos la pol�tica de entrega del patrimonio nacional que llevaba adelante la administraci�n de Carlos Sa�l Menem. De este modo ciertos acad�micos advert�an que si bien el Estado de Bienestar, en un mundo globalizado, se tornaba obsoleto e ineficiente, reconoc�an a su vez que el destino al cual nos llevaba la administraci�n menemista conduc�a, en las ant�podas de aqu�l, a la desarticulaci�n del tejido social. Es por eso que estos intelectuales comenzaron a hablar, ya no de un Estado omnipresente -como era el caso del Estado de Bienestar- sino de un Estado activo, "atl�tico", que dinamizara el sistema econ�mico, haci�ndose cargo de las �reas estrat�gicas para el desarrollo de un pa�s, y dejando tambi�n que la iniciativa privada pueda complementarse con su accionar. De esta forma, la era kirchnerista vino a saldar esa deuda, colocando en su agenda pol�tica lo que durante varios a�os se ven�a constituyendo en una de las principales tem�ticas de la agenda social.
Hubo a su vez un intento de fortalecer los v�nculos con los pa�ses pertenecientes al MERCOSUR, con una fuerte declamaci�n conjunta con los pa�ses autodenominados socialistas del siglo XXI (con Venezuela y Bolivia a la cabeza, en el sentido de que es en estos pa�ses donde se est�n tomando las medidas m�s fuertes en materia de fortalecimiento del rol del Estado y redistribuci�n de la riqueza).
A su vez con la devaluaci�n de la moneda -el d�lar alto- hubo una tibia recuperaci�n de la industria nacional. Algunos peque�os y medianos empresarios �como el sector textil, jugueter�a, calzado, marroquiner�a, etc- pudieron reactivarse y tomar m�s mano de obra. Ni hablar del sector automotriz -aunque ya no nos estar�amos refiriendo a una peque�a empresa- que tuvo un crecimiento exponencial durante la gesti�n a la que nos referimos.
Tambi�n podemos mencionar, como otras de las medidas que suscitaron respaldo, la promulgaci�n de la ley de medios de radiodifusi�n -tendiente entre otras cosas a democratizar la informaci�n y terminar con los monopolios en el �rea- y la ley asignaci�n universal por hijo. Con respecto a esta �ltima medida, un estudio de CIFRA, el Centro de Investigaciones econ�micas de la Secretar�a General de la CTA, dirigido por Eduardo Basualdo, estima que ampliar� de cuatro a nueve millones de ni�os la poblaci�n alcanzada por el r�gimen de asignaciones familiares. Seg�n este estudio 1,8 millones de personas dejar�n de ser pobres y 4 millones de personas dejar�n de ser indigentes. ("Derrota del oficialismo unido ante la oposici�n dispersa: A y B". Por Horacio Verbitzky. P�gina12. 07/12/2009).
Ahora bien: �qu� ocurri� en todo este proceso que a pesar de estas pol�ticas, que parecen haber invertido la tendencia de la d�cada del noventa, los sectores progresistas no se han encolumnado masivamente al tren K, y por el contrario se han dividido en apoyos incondicionales o repudios ac�rrimos?.
Pues bien, digamos que ocurrieron muchas cosas.
Por empezar nos encontramos frente a un gobierno que a pesar de haber impulsado un crecimiento exponencial y sostenido de la macroeconom�a, gracias a lo cual pudo gozar de un super�vit fiscal excepcional -donde las retenciones al monocultivo de la soja transg�nica cumpli� un rol m�s que importante- no ha sido capaz de saldar la deuda interna (pobreza, indigencia, distribuci�n regresiva del ingreso, en s�ntesis: exclusi�n social, con todas las consecuencias que para el tejido social eso acarrea). Por el contrario, con el dinero que supo acumular, el gobierno prefiri� saldar con reservas del banco central las obligaciones con el FMI, organismo al cual le pag� en el 2006 la totalidad de la deuda, comportamiento que se repetir� ahora con la constituci�n de los fondos del bicentenario.
A su vez en los a�os de mayor bonanza y crecimiento econ�mico el gobierno no aprovech� para hacer una reforma fiscal seria con orientaci�n progresiva (lo cual en alg�n momento se prometi�) donde el impuesto a las ganancias y a los bienes personales cumpla un rol predominante, en detrimento del IVA (impuesto que termina gravando el consumo, y que por lo tanto sale fundamentalmente de los bosillos de los sectores populares).
Para mencionar algunos datos, podemos decir que en el 2008 se recaud� del IVA 80.000 millones de pesos, mientras que de impuestos a las ganancias 17.000 millones. Si observamos lo que sucede en los pa�ses desarrollados nos encontramos con la situaci�n inversa. Las arcas p�blicas se financian principalmente con el impuesto a las ganancias (un 45 por ciento de la recaudaci�n proviene de all�) y no con el impuesto al consumo. Mientras tanto en Argentina el porcentaje de dinero que se extrae del impuesto a las ganancias es de un 5,5 por ciento.
A su vez la base de los impuestos a las ganancias en nuestro pa�s no incluye las rentas financieras, o las ganancias de capital (valorizaci�n de activos), mientras que en los pa�ses desarrollados suelen estar gravados. (El cronista Digital. "Un sistema injusto: el fisco en el ojo de la tormenta". 12/ 07/ 2009).
Por otra parte, y siguiendo con las debilidades de la gesti�n K -o la deuda que tiene con el progresismo- nos encontramos frente a un discurso que parece confrontar con los factores reales de poder, pero en la pr�ctica los intereses de los sectores m�s concentrados de la econom�a no han sido afectados. Por el contrario, la fortuna que algunos de estos sectores acumularon durante la era kirchnerista se ha multiplicado.
El sector automotriz, la miner�a, el agronegocio de la soja, son s�lo algunos ejemplos.
A su vez, el sector minero (producto de la revalorizaci�n del oro, la plata y el cobre) se ha transformado en un meganegocio que ya mueve 35.699 millones, algo as� como el 3,4% del PBI argentino, seg�n datos del Ministerio de Econom�a. ("Burocracia y Represi�n: una f�rmula para contener las luchas sociales". Colectivo Indymedia. C�rdoba. 05/12/2009)
Uno de los acontecimientos que m�s debilitaron a la gesti�n de Cristina Fern�ndez de Kirchner fue el conflicto con el campo. El discurso oficial reconoc�a que detr�s de las retenciones m�viles estaba la intenci�n de redistribuir la riqueza, y ese hecho, no podemos negarlo. Pero se trata de un elemento parcial: fundamentalmente la medida estaba determinada por la necesidad de obtener un super�vit fiscal para pagar la deuda externa, comprar divisas para sostener la cotizaci�n del d�lar -y de paso mantener entonces la rentabilidad de los sectores exportadores m�s concentrados- y operar un retorno en subsidios para las grandes empresas transnacionales exportadoras. Por ejemplo, en el 2007 hubo compensaciones para el sector agropecuario de un orden de $1.400 millones, de los cuales, m�s del 55% se concentraron en apenas 10 empresas (la Seren�sima, Molinos Ca�uelas, Molinos R�o de la Plata, Aceitera General Deheza, Cargill, etc).
El gobierno hablaba de la "rentabilidad del sector" como si se pudiera poner a los distintos segmentos de la actividad agropecuaria en una sola bolsa. Por el contrario, existen distintos sectores al interior de lo que se denomin� "el campo", con realidades econ�micas diferentes. No podemos comparar por ejemplo la situaci�n de los denominados pooles de siembra, los grandes terratenientes, las empresas proveedoras de insumos y tecnolog�as, con la de algunos peque�os a medianos productores que han sufrido la aparici�n de aquellos y su desarrollo desde los noventa a esta parte. Los pooles de siembra -que a trav�s del fideicomiso han especulado financieramente en el �rea agropecuaria y obtenidos grandes tasas de rentabilidad, con el menor riesgo- fueron socios del gobierno kirchnerista durante cincos a�os -antes de que comenzara el conflicto- en lo que podemos denominar como la patria sojera-extractiva, b�sicamente por una cuesti�n de caja, como lo dijimos anteriormente. Un modelo de producci�n basado en el monocultivo de la soja -que se afirm� en el pa�s en los �ltimos 20 a�os, con lo cual, debemos decir que la culpa no es toda del gobierno de los Kirchner- que est� desertificando los suelos de la Argentina, provocando los desmontes -y con ellos la fuga de millares de campesinos que se van de sus tierras a poblar las villas miseria de las grandes ciudades- y que ha convertido a la Argentina en una "republiqueta sojera", productora de forrajes para la exportaci�n -China, India, Europa- destruyendo el modelo de agricultura orientada hacia el mercado interno, basado en la idea de soberan�a alimentaria, es decir, en las necesidades alimentarias de la poblaci�n (ganader�a, l�cteos, ovinos, porcinos, frutas, hortalizas, etc). Frente a este modelo devastador, el gobierno no ha hecho mucho. Por el contrario, se ha ensamblado al tren sojero-extractivo, con fines fiscales, lo cual sum� peso en el plato de la balanza sobre el que posan los sectores del progresismo que no se dejan seducir completamente por sus pol�ticas.
Por otra parte -y para seguir con aquellas medidas que contradicen el impulso progresista con el que el gobierno K comenz� a seducir a la izquierda- esta gesti�n conf�a en revitalizar una industria nacional con una burgues�a que de �nacional� tiene muy poco, y que deposita gran parte de sus excedentes productivos en el exterior, sin reinvertirlos en Argentina, sin tomar m�s mano de obra ni innovar en materia tecnol�gica.
Esa llamada burgues�a nacional tiene 150.000 millones de d�lares en el exterior. Por lo tanto, al gobierno no le queda otra opci�n que salir a buscar capital extranjero. Y para eso tiene que crear las condiciones. Esto implica entre otras cosas arreglar con el FMI y con los bonistas.
Hay un grupo de empresarios nacionales que se vieron muy favorecidos con la actual gesti�n y acumularon grandes riquezas, a la vez que el matrimonio presidencial tambi�n engrosaba sus bolsillos, sin poder dar una explicaci�n cre�ble acerca del origen de las mismas.
Se calcula que el patrimonio de la familia Kirchner en los �ltimos seis a�os creci� casi siete veces, y esta compuesto por los lujosos hoteles Los Sauces y Alto Calafate; extensos terrenos comprados a valor fiscal; millonarios dep�sitos bancarios; numerosos inmuebles en alquiler; y la participaci�n en diferentes empresas entre las cuales se encuentra Hotesur S.A. en donde participa la sobrina de N�stor Kirchner, Romina, cuya hermana Natalia es la fiscal que investiga la forma en la que su t�o adquiri� terrenos fiscales en Santa Cruz. (" Represi�n social tras el velo del seudo progresismo". Por Daniel E Benadava. Rebeli�n. 06/12/2009) .
Hablar de redistribuci�n de la riqueza y de la posibilidad de desviar dinero desde los sectores m�s favorecidos (supongamos el caso de los peque�os y medianos productores del campo) a los sectores m�s empobrecidos, resulta chocante cuando la gesti�n que intenta realizarlo est� te�ida de sospechas de enriquecimiento il�cito: �A d�nde va a ir a parar esa plata? Se preguntaban muchos ciudadanos. �C�mo la va a administrar el gobierno? que a la vez reparte subsidios y planes sociales a las organizaciones piqueteras a cambio del respaldo pol�tico -cooptaci�n del movimiento social- y le niega todo tipo apoyo a las organizaciones independientes que reclaman trabajo genuino, conden�ndolos al aislamiento y al ostracismo pol�tico. A su vez, en el Congreso ocurre algo parecido: reparte dinero a los legisladores que votan las leyes oficiales y restringe los fondos para aquellas provincias gobernadas por la oposici�n. Una ley de coparticipaci�n federal en este sentido se torna cada vez m�s necesaria, pero el gobierno tampoco milit� mucho por esa idea. Hoy la coparticipaci�n federal compromete s�lo un 30 por ciento del total de los recursos, cuando en realidad deber�a comprometer un 20 por ciento m�s.
A su vez, hoy se est� discutiendo la posibilidad de la coparticipaci�n del impuesto al cheque (en la actualidad un 70 % de esos ingresos va a parar a la naci�n) pero la presidenta ya se neg� rotundamente a resignar esos fondos.
Por otra parte, tenemos la pol�tica petrolera de la gesti�n K, que, tal como afirma Pino Solanas, constituye casi una continuaci�n de la pol�tica iniciada en la era menemista. El petr�leo, un bien que con el aumento demogr�fico mundial -principalmente de China y la India- y el crecimiento de la sociedad de consumo, se transform� en un bien cada vez m�s preciado (el precio del barril se ha multiplicado en las �ltimas d�cadas). Las petroleras privadas que se han quedado con los yacimientos en Argentina fueron beneficiadas con un negocio millonario, de aqu� a 30 a�os, sin cumplir con sus obligaciones en materia de b�squeda de nuevos yacimientos y perforaci�n (que es lo m�s caro). Con lo cual las reservas bajaron de 30 a�os a 6 � 7 (lo cual nos deja en una situaci�n prospectiva negativa, que nos hace pensar en que en pocos a�os podr�amos estar importando petr�leo a precios internacionales). En tiempos de YPF se perforaban 100 pozos al a�o, las privatizadas no pasan de 25. Las regal�as que el Estado argentino les cobra son de las m�s bajas del continente (12 por ciento). Y esto ocurre a simple declaraci�n jurada: a fin de mes son las empresas las que dicen cuanto han ganado. A su vez somos uno de los �nicos pa�ses que les permitimos que realicen todo el ciclo de explotaci�n: las empresas perforan, refinan y comercializan. Un negocio millonario (se calcula que se trata de una facturaci�n anual de 25 mil millones de d�lares) del que el Estado se ve privado. La era Kirchner, no ha hecho nada por cambiar esta situaci�n. En vez de aprovechar el incumplimiento de las empresas y esperar a que expire el plazo de los contratos para rescindirlos y recuperar ese recurso para el Estado Nacional, extendi� a 30 a�os las licencias, y como dec�amos anteriormente, realiz� el traspaso de los yacimientos petroleros a las provincias (2006) que quedan en una situaci�n de vulnerabilidad para negociar con las multinacionales.
Toda esta situaci�n coadyuva a debilitar la imagen del gobierno ante ciertos sectores de la centro izquierda, que ven como algunos pa�ses vecinos, al gozar de la propiedad estatal de estos bienes o aumentando notablemente las regal�as, logran capturar una renta que les permite financiar pol�ticas sociales que tienden con un poco m�s de seriedad a redistribuir la riqueza (otra vez, nos referimos a los casos de Venezuela y Bolivia).
Por otra parte, otro de los favores que el gobierno les hizo a las multinacionales, qued� evidenciado cuando Cristina Kirchner vet� la Ley para la protecci�n de los glaciares, gracias a lo cual Barrick Gold contin�a, legalmente, erosionando y contaminando las reservas de agua dulce que interfieren en su b�squeda de minerales.
Y�ndonos a otro plano, podemos decir que con respecto al movimiento sindical, es notorio como el gobierno cerr� filas con la burocracia corrupta que desde hace d�cadas maneja los sindicatos de un modo antidemocr�tico, y que se opone virulentamente a la emergencia de organizaciones sindicales independientes, como es el caso de los trabajadores del subte o los obreros de Kraft Foods (ex Terrabusi), a quienes los tildan de extremistas, que estar�an influenciados por la cuarta internacional. En estas �ltimas semanas vimos como el gobierno nacional liber� a la polic�a para que reprimiera las manifestaciones de estos obreros, que sosten�an reivindicaciones leg�timas de protecci�n de sus fuentes de trabajo, as� como de seguridad e higiene, frente al peligro de la "gripe A".
Finalmente � y para ir cerrando- hemos intentado hacer un racconto de las medidas felices que ha tomado el gobierno y que han seducido a ciertos sectores de la izquierda -algunos de los cuales se transformaron en obsecuentes- y otras tantas que alejaron a los restantes. Tal vez la lista qued� muy engrosada en lo que respecta a las medidas que significaron una capitulaci�n frente a los factores reales de poder, con lo cual puede quedar, al final de este art�culo, la sensaci�n de que se trat� de un an�lisis opositor y "destituyente". Nada m�s lejos de nuestras intenciones. Afirmamos -a pesar de todo lo dicho hasta aqu�- que la era Kirchner no puede compararse en t�rminos ideol�gicos y pol�ticos con lo que hemos sufrido en la d�cada de los noventa ni con el gobierno de la alianza. Afirmamos tambi�n que el polo opositor que se ha congregado frente al actual gobierno -salvo algunos partidos u organizaciones puntuales- huele a un retroceso con el cual, quien escribe esta nota, nada quiere saber. Se trata en general de un polo opositor cuyo motivo aglutinante no es otro que el de derrocar a este gobierno, sin que exista un proyecto o plataforma coherente y superadora del actual estado de cosas.
Es por eso que tal vez esta nota ha sido escrita pensando en la demanda y las necesidades -un ejercicio siempre vacilante y err�tico- de los intelectuales, artistas, obreros, desocupados, indigentes, campesinos expulsados de sus tierras, que seguir�n esperando que un gobierno se haga cargo de la agenda social y pol�tica pendiente, para constituirse en una opci�n verdaderamente popular y nacional, en vez de intentar cruzar un r�o para despu�s quedarse a mitad de camino, distanci�ndose de las necesidades y esperanzas de su pueblo. 

Mauro Paradiso es Licenciado en Ciencia Pol�tica

Fuente: lafogata.org

������