Latinoamérica
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Entrevista a Piedad Córdoba, senadora colombiana
El Plan Colombia "democratizó" el negocio del tráfico de drogas
David Brooks
La Jornada
La senadora Piedad Córdoba es una mujer muy peligrosa.
Tal vez porque no descansa en promover una óptica de paz y democratización al
denunciar un gobierno que, según ella, optó por un esquema de guerra permanente,
un gobierno que considera ilegítimo, corrupto y violador masivo de derechos
humanos. Tal vez porque no se cansa de insistir en que ante los horrores y el
conflicto de décadas se tiene que llegar a un "acuerdo humanitario". O tal vez
porque es una disidente en la historia oficial construida por Washington y
Bogotá sobre el Plan Colombia; o tal vez es peligrosa por ser una afrocolombiana
que a pesar de innumerables amenazas de muerte, un constante ataque personal
–con tintes racistas y machistas– en los medios y sujeta a mil tipos de
intimidación, rehúsa callar.
Al llegar a esta ciudad, adonde fue invitada para participar en un foro sobre
las nuevas perspectivas en América del Sur, fue interrogada durante unas tres
horas por las autoridades del Departamento de Seguridad Interna en el
aeropuerto. Justo antes de llegar, el cónsul general de Colombia en esta ciudad
declaró que ella no era la representante indicada para participar en el foro, ya
que no representaba el sentir de la comunidad colombiana ni aquí ni allá. O sea,
aparentemente, es una mujer que asusta a algunos.
En entrevista con La Jornada este martes (antes de la noticia del
"rescate" de 14 rehenes en Colombia este miércoles), Córdoba platicó sobre las
relaciones bilaterales entre Washington y Bogotá, reprobó el Plan Colombia por
fracasar en sus objetivos oficiales y por sus consecuencias sociales, y advirtió
de los peligros que esas estrategias representan para México.
Vergonzosa, la relación con las políticas estadunidenses
"Yo pienso que es una relación vergonzosa entre el gobierno actual (de Colombia)
con las políticas estadunidenses", afirma, y cuenta que un informe reciente de
la Organización de Naciones Unidas registra que los recursos para la guerra y
para combatir el narcotráfico no sólo han tenido efectos nulos, sino que hubo un
incremento de 27 por ciento de cultivos ilícitos. Así, el tan elogiado Plan
Colombia "primero, no disminuye el cultivo ni el consumo. Entonces, lo que queda
claro es la actitud tramposa y mentirosa de las dos partes porque
fundamentalmente lo que están combatiendo es a la guerrilla que es un problema
político-militar en el país".
"Hay un gran desconocimiento de lo que ocurre al interior de Colombia, de la
manera como fue elegido este gobierno por grupos paramilitares que se benefician
fundamentalmente del narcotráfico", dice. Explica que los recursos del
narcotráfico que financia el paramilitarismo se usaron para elegir a gran parte
del Congreso, mismo que eligió al presidente.
De hecho, la Suprema Corte de Justicia de Colombia ya condenó a un parlamentario
por la manera corrupta con la que se logró modificar la Constitución para
permitir la relección del presidente, cuenta, y que esos vínculos corruptos
entre paramilitarismo y narco hacen que el caso colombiano "no difiera
mucho de los dictadores de América Latina como el caso de Fujimori".
Señala que podría ser esperanzador que el próximo gobierno de Estados Unidos
esté en manos de alguien como Barack Obama, eso puede ofrecer la oportunidad de
"redimensionar las relaciones" de manera más justa. Insiste en que "encasillar a
las FARC como terroristas no ayuda absolutamente nada, entre otras cosas, porque
a muchos no les interesa eso, y a las FARC les interesa menos… eso es un
monólogo de sordos" y no lleva a una negociación.
"Creo que habrá una derrota al pensamiento militarista, guerrerista, que admira
las relaciones entre los países en una condición de subordinación y no de pares
e iguales", y considera que la dinámica política en su país podría llevar a un
cambio.
"La sola falta de legitimidad y credibilidad del gobierno, con más de la mitad
de los congresistas que lo eligieron (a Uribe) en la cárcel, más demostraciones
de que (la elección) fue una estrategia paramilitar… la campaña de descrédito de
la Suprema Corte de Justicia –todo eso abunda en razones para no creerles… y son
razones para creer que es un gobierno ilegítimo, no creíble, sucio, corrupto",
acusa Córdoba.
Espera que se abra un espacio para promover el acuerdo humanitario, como también
para vaciar las "cárceles llenas de pensadores y luchadores sociales", y para
abordar asuntos como las ejecuciones extrajudiciales, las violaciones de
derechos humanos, y que "se pueda limpiar el debate" para llevar al plano
político la disputa, ahora bélica, sobre el futuro de Colombia.
–En México se está implantando la Iniciativa Mérida, y algunos argumentan que
elementos del modelo del Plan Colombia deben ser empleados en la estrategia para
la lucha antinarcóticos. ¿Qué opina de eso dada la experiencia colombiana?
–México está viviendo lo que vivimos nosotros hace 15 años con el
narcotráfico, la manera en que se derrumban las instituciones, cómo se pierde
gobernabilidad, cómo servían valores que distorsionan realmente el papel de la
ética y la moral en una sociedad como constructores de principios reales. Yo
invitaría a estas personas a que hagan un balance del Plan Colombia y el Plan
Patriota; el resultado es nefasto.
Reitera que no se ha reducido la producción del narco, "pero sí se ha
incrementado la guerra al interior del país".
"Una decisión responsable de los políticos mexicanos es acudir a los informes
(de la ONU) para darse cuenta que es la peor decisión que se pueda tomar".
Dice que bajo el esquema de un Plan Colombia o Iniciativa Mérida, hay "un gran
negocio para los que se benefician de la guerra, los grandes contratos, las
grandes comisiones, los ejércitos... La guerra es un negocio y favorece a sus
operadores".
El Plan Colombia sí cambió el negocio del narco, aclara: "sí asesinaron a
muchos de los jefes de la droga famosos, como Pablo Escobar, y a otros los
extraditaron, como los Rodríguez Orejuela, pero después de eso se puede decir
que se democratizó el negocio de la droga y han surgido por lo menos 80
cárteles o más. Colombia no es más pacífica. Lo que ha sucedido en el país
es tan desastroso que personas como yo estaríamos dispuestas a ir al Congreso
mexicano a contarles realmente los resultados de esta guerra".
–¿Usted cree ser peligrosa?
–Sí, soy muy peligrosa porque no tengo precio, porque no me he dejado
corromper, porque no me dejado deslumbrar, porque he sido muy coherente en toda
mi vida política, y al tener estas características desestabilizo la propuesta
que ellos tienen, en sus intereses y sus objetivos. El hecho de haber estado en
el acuerdo humanitario como facilitadora desnudó ante el país los intereses que
había por debajo. Pero creo que personas peligrosas como yo, viendo hacia el
futuro, han sido personas coherentes, éticas, exitosas… Sigo trabajando y sigo
pensando que hay que aportar a la democracia del país".