Latinoamérica
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La amenaza venezolana
Ángel Guerra
La Jornada
Chávez caudillo populista, Chávez dictador, Chávez, enemigo de la libertad de
prensa, Chávez busca eternizarse en el poder. El mismo sonsonete difundido de
sol a sol desde Venezuela hasta casi todos los confines del mundo por
periódicos, radios, televisoras, púlpitos y sitios de internet de los dueños del
dinero. Utilizadas por ellos las palabras se corrompen, pierden su sentido
auténtico. Si queremos saber cómo es de veras la realidad debemos aprender a
leer, ver y oír al revés.
Porque en marcado contraste con el mundo capitalista neoliberal fascistizante
donde las decisiones las toma la minoría opulenta, Chávez encabeza el movimiento
de masas más resuelto y novedoso por la democracia en su acepción etimológica de
gobierno(cracia) del pueblo(demos), cuyo ejemplo atrae cada vez más
simpatizantes en América Latina y el planeta. La elite imperial, sus socias
europeas, las serviles e ignorantes clases dominantes de los países dependientes
–y sus voceros intelectuales, a sueldo o inconscientes- hacía mucho tiempo que
no sentían tan peligrosamente amenazado su sistema de control económico,
político y militar de las mayorías. Han entrado en pánico ante la repercusión
continental e internacional del chavismo mientras América Latina se rebela, Irak
es incontrolable y las bolsas se desploman.
Como dice el pueblo en Venezuela, Chávez los tiene locos. Ha virado el país al
revés. Los pobres, los negros, los mulatos, los indios, las mujeres humildes,
los trabajadores y los campesinos –los que antes no contaban- cada día adquieren
más poder de decisión sobre su destino. Caracas determina su política interior y
exterior en función de los intereses no sólo de Venezuela, sino de los pueblos
de nuestra América, sin olvidar los del resto del mundo, conducta respaldada por
votaciones crecientes en cantidad y calidad en una sucesión de impecables
victorias electorales. Porque si la revolución bolivariana es campeona en
democracia participativa, sus credenciales en democracia electoral guardan un
armónico equilibrio con aquella.
Con Chávez no pueden medirse ni de lejos en sufragios y menos por la fuerza. A
más contrarrevolución, más se radicaliza la revolución bolivariana.
Como prometió el presidente desde meses antes de arrasar en las elecciones de
diciembre pasado, Venezuela marcharía hacia el socialismo con base en una
importante reforma constitucional. Un socialismo desde abajo, de consejos
comunales y de obreros, campesinos y estudiantes constituidos en poder popular,
con facultades para gobernar en su esfera de acción. Una nueva organización
política geográfica encaminada a liquidar las asimetrías entre regiones y entre
campo y ciudad y a un desarrollo económico y social armónico, proclive a una
distribución justa del poder. Un ejército "patriótico popular" para defender la
soberanía. Un nuevo Estado socialista, que reemplazará al actual, lastrado por
la burocracia y la corrupción. Una economía regida por el interés colectivo y la
propiedad social y comunal, donde la propiedad privada tendrá participación si
se sujeta a esa regla y un banco central y reservas internacionales subordinados
a esos fines. La jornada laboral será de seis horas para dar a los trabajadores
tiempo para instruirse, cultivarse y aportar a la comunidad, creando decenas de
miles de nuevos empleos que pongan fin a la economía informal. Los trabajadores
por cuenta propia y de la cultura tendrán acceso a los beneficios de la
seguridad social.
Todo eso va incluido en la propuesta de reforma constitucional, que debe
aprobarse próximamente por la Asamblea Nacional y es debatida al mismo tiempo
exhaustivamente por el pueblo venezolano y las bases del partido revolucionario
en construcción, con el fin de someterla a referendo en diciembre de este año.
Se propone la reelección presidencial continua, pero sujeta a revocación como
todos los cargos electivos. Nada de copiar el sacrosanto patrón yanqui de mudar
de gerente del capitalismo cada x años, aunque mirando a otro lado ante
regímenes que le son afines como las petromonarquías árabes.
Será el pueblo venezolano quien decida cuánto tiempo gobernará el actual
mandatario, pero está claro que la mayoría no sacrificará las excepcionales
cualidades de estratega y de conductor de su líder por complacer a sus enemigos.
Hay Chávez para rato.
Los capitalistas, por cierto, no han tenido reparo en alargar el mandato de sus
caudillos cuanto les ha convenido. Ergo Roosevelt, Adenauer, Felipe González
et al.
aguerra_123@yahoo.com.mx