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Argentina: La lucha continúa

¿Qué pide el FMI y por qué lo pide?

Héctor Giuliano
El Traductor Gráfico

El presidente Kirchner ha planteado las elecciones legislativas de Octubre próximo como un plebiscito de su gestión; y el principal problema de esta gestión suya es la Deuda Pública. Por este motivo, y a la luz del muy cuestionable Megacanje que se acaba de cerrar, corresponde profundizar el análisis de la Cuestión de la Deuda y su relación con las pautas exigidas por el Fondo Monetario Internacional (FMI) al gobierno argentino en esta materia, para que la opinión pública pueda formarse una idea más clara de lo que, aunque parcial e indirectamente, la Población va a "plebiscitar" en definitiva en Octubre.

La continuidad de base del programa económico-financiero del FMI para la salida de la Convertibilidad constituye el eje de todas las acciones tomadas en la Argentina desde el default de 2001 hasta la fecha.
Con posterioridad al fracaso del "blindaje" o intento de salvataje financiero de fines del 2000, después del negociado del Megacanje Cavallo de Junio de 2001, luego de implantar la política de Déficit Fiscal Cero para privilegiar el cobro de los Acreedores Financieros sobre el resto de los Acreedores del Estado, después de la Conversión de Deuda por Préstamos Garantizados con la recaudación tributaria de Noviembre del 2001, después del corralito o retención forzada de los depósitos bancarios hecha a posteriori de la gran fuga de Capitales Bancarios que ya se había producido durante el año, cuando ya no se podía ocultar más la imposibilidad fáctica de pago de los intereses de la Deuda Pública y cuando quedaba también al desnudo la complicidad y la corresponsabilidad de los Organismos Multilaterales de Crédito en la política irresponsable de endeudamiento seguida por la Argentina; entonces el Fondo suspendió sus desembolsos a la Argentina, provocando con ello la caída final del Régimen de la Convertibilidad y también del gobierno De la Rúa.
Y esto lo hizo para lograr un cambio de formulación en el futuro endeudamiento público, en beneficio del Capital Financiero, de modo de instaurar otra etapa en la Política Económica del Estado Argentino para reorganizar las Finanzas Públicas en función de la Deuda.

EL ÉXITO DEL MINISTRO LAVAGNA.

El doble Golpe de Estado Institucional producido en la segunda quincena de Diciembre 2001 - primero contra De la Rúa por el agotamiento de la Convertibilidad a raíz del vaciamiento de las Reservas Internacionales por parte de los grandes bancos; y luego contra Rodríguez Saá, por su intento de poner en circulación una moneda propia alternativa e investigar la Deuda Pública – este golpe duplicado se dio en el marco de un importante proceso de cambio interno del FMI y de directivas de los países del G 7; y tuvo de hecho a la Argentina como experiencia piloto.
La actitud del FMI que desencadenó el default dentro de la Crisis de la Deuda en la Argentina estuvo directamente relacionada con el cambio del Gobierno Bush en los Estados Unidos, que terminó – en principio - con la política de salvatajes sistemáticos del Fondo y los Organismos Multilaterales de Crédito frente a las crisis financieras de pago, tal como se había llevado a cabo hasta el fin de la Administración Clinton. Estos salvamentos no estaban ni están nunca destinados a la ayuda efectiva de los Países altamente endeudados sino que, en realidad, están dirigidos a que tales países puedan atender, con esa "asistencia", los pagos a sus Acreedores, que eran los únicos verdaderos beneficiarios de tal refinanciación.
Dicho en otros términos: que el Sistema Financiero Internacional, después de la serie de Crisis de Deuda producida en el Mundo – México 1994/5, Asia 1997, Rusia 1998 y Brasil 1999 – decidió cambiar la modalidad operativa, aunque no para terminar con el mecanismo perverso de los endeudamientos sino para replantearlos hacia la apertura de una nueva forma y una nueva etapa en la política de Deuda Perpetua sobre los Países en Desarrollo. La idea básica no era, entonces, resolver ni mucho menos eliminar sino, por el contrario, salvar la continuidad de la Deuda Externa como Sistema.
La reorganización de cuadros internos en el FMI y las nuevas exigencias de Política Económica para la Argentina iban a desarrollar, de aquí en más, una experiencia tipo de este nuevo enfoque dentro de la Política Mundial de Endeudamiento Público. La Argentina ha sido así el "caso testigo" para el FMI de pasaje de países con política de tipo de cambio fijo y moneda sobrevaluada (como la Convertibilidad), al nuevo régimen de tipo flexible o variable, con flotación cambiaria, conteniendo los efectos hiperinflacionarios de este paso dentro de la economía doméstica, para que los países deudores destraben algunos de sus problemas de coyuntura y puedan volver a endeudarse.
Esto se logró aquí con la macro-devaluación del peso, el corralón bancario (congelamiento y pesificación asimétrica de créditos y depósitos), la redistribución de ingresos, la licuación de pasivos en dólares de empresas endeudadas en la plaza local, el freno temporal al aumento de tarifas de Servicios Públicos y, fundamentalmente, mediante el congelamiento general de Salarios y Jubilaciones frente al fortísimo incremento del Costo de la Vida (62 % acumulado desde Diciembre de 2001) y del aumento todavía mayor del Índice de Precios Mayorista (que supera el 100 %).
En el plano operativo inmediato, el sentido de esta Nueva Política de Ajuste Fiscal era que los grandes Países Deudores – como la Argentina, Brasil y Turquía – bajasen su exposición con el Fondo Monetario y los otros Organismos Internacionales (fundamentalmente Banco Mundial y BID), que comprometiesen altos niveles de Superávit Fiscal Primario para pagar los Servicios de la Deuda Pública, que hiciesen extensivo este nuevo sistema de ajuste financiero planificado a Provincias y Municipios del país, que aumentasen la presión impositiva y la eficiencia en la Recaudación Fiscal, que limitasen al máximo el Gasto Público – empezando con el congelamiento de Salarios y Jubilaciones y siguiendo con la mayoría de los Gastos del Estado (salvo Intereses de la Deuda y paliativos para el Desempleo), todo ello para lograr el aumento superavitario básico a los efectos de poder retomar la Política de Estado de Endeudamiento Público permanente. Y esto debía lograrse en un tiempo prudencial, una suerte de Período de Gracia fáctico de tres años, para que el país deudor – en este caso, la Argentina – recuperase una aparente Solvencia Fiscal para poder volver así, después del "éxito" de la nueva receta, a endeudarse en el Mercado de Capitales.
Ello no debía producirse ni antes ni después del momento establecido por los poderes financieros internacionales para que tal retorno a la Política de Estado de la Deuda Pública se diese en las circunstancias óptimas para ellos – dentro de las posibilidades existentes – en que la Argentina, como "país-modelo" del nuevo paradigma de endeudamiento, tenía que hacerse cargo de nuevas obligaciones que debía cumplir, sí o sí, de aquí en adelante, mientras tomaría nueva deuda. De allí el discurso coincidente en este punto – tanto del Fondo Monetario como del presidente Kirchner - en el sentido que nuestro país no podía y no iba a asumir nuevos compromisos que no pudiese cumplir en lo sucesivo.
El objetivo concreto final era llegar a demostrar que funcionara en la práctica un nuevo modelo de re-endeudamiento del Estado, cuyos principales ejes serían tres:
Contener los efectos hiperinflacionarios de la mega-devaluación del peso como forma de salida de la Convertibilidad, sin descontrol del sistema de precios internos; cosa que debía lograrse con la expropiación parcial de los depósitos financieros de la población, con una brutal caída del Salario Real y de los Ingresos fijos en general (incluyendo los de Jubilados y Pensionados) y un reajuste discrecional en los Precios Relativos del Mercado.
Estabilizar el Tipo de Cambio, después de producido la gran devaluación, tendiendo a una gradual apreciación del Peso contra el Dólar, de modo de mejorar con ello la capacidad de pago del país frente a los Servicios de la Deuda Externa.
Otorgar un Período de Gracia fáctico de unos tres años pero con la variante de transformar la cesación de pagos total en un híbrido donde – a diferencia de la lógica de todo estado concursal – se pagase a ciertos Acreedores (fundamentalmente los Organismos Multilaterales de Crédito) y se cumpliese con la Deuda masiva emitida post-default (esencialmente, Bodenes) mientras se organizaba un nuevo Plan Brady para reformular la Deuda en Títulos Públicos.
Este último punto estaba directamente vinculado a la Federalización de la Deuda de los Estados Provinciales: el traspaso producido de los grandes pasivos de Provincias y Municipios al Estado Nacional, contra descuento de la Coparticipación de Impuestos. Y todo ello, monitoreado bajo la nueva Ley de Responsabilidad Fiscal, que pone a todas las jurisdicciones de la Administración bajo condiciones de Ajuste Fiscal para garantizar el mayor pago posible de servicios de la Deuda Pública. De esta manera, transcurrido un plazo "razonable" de estabilización y reactivación económica, el país podría comprometer nuevos niveles posibles de pago de la Deuda, garantizar la toma de nuevos préstamos sistemáticos con los Organismos Multilaterales de Crédito – Banco Mundial y BID – para la financiación de Obras Públicas y parte del Gasto Social (que no tiene capacidad de repago) y, esencialmente, la Argentina podría "volver al Mercado de Capitales" lo que, como lo hemos dicho muchas veces, en buen romance significa volver a endeudarse.
Los datos de la realidad muestran que esta experiencia piloto llevada a cabo en la Argentina por parte del FMI, los Países del G 7 y la Banca Internacional, ha tenido suficiente "éxito" en función de los resultados buscados hasta el presente; y que el ministro Lavagna – puente y continuador de esta política local durante los gobiernos Duhalde y Kirchner – se apresta ahora a dejar ubicada en la etapa del tercero de los grandes ejes del Programa: la nueva Era de Endeudamiento Público después de la salida del default.

LA ARGENTINA Y EL FMI.

La política de "des-endeudamiento" de la Argentina con el FMI – tal como lo hemos visto en nuestra nota de El Traductor Gráfico No. 26 - no es una acción de independencia del gobierno argentino con el Fondo sino, por el contrario, el sometimiento a una exigencia del FMI, dictada por los Países del G 7 y por la Tesorería Norteamericana en particular. Esta exigencia se materializa teniendo que bajar la exposición del Fondo con nuestro país, es decir, pagándole nosotros al FMI más de lo que el FMI nos desembolsa; con la alternativa de una refinanciación bilateral de la deuda de la Argentina con el Organismo, para darle lugar al país a que pague más intereses y renueve más Deuda por Capital con los Acreedores Privados (tomando para ello nuevas obligaciones en el Mercado a tasa de interés más cara).
El 18 de mayo pasado, el Directorio del FMI aprobó así la extensión por un año de gran parte de los vencimientos que tiene la Argentina durante el resto del 2005 – que suman unos 2.500 millones de dólares - aunque igual tiene que afrontar pagos por 1.500 millones de dólares de ahora hasta Diciembre. El Director-Gerente del FMI, Rodrigo Rato, ha dejado bien en claro dos cosas: por un lado, que es el gobierno Kirchner el que está pidiendo la reanudación de las negociaciones con el Fondo - ya que necesita la refinanciación de su Deuda con el Organismo (que pasa los 14.000 millones de dólares) para dejar de pagarle los vencimientos al contado, como lo está haciendo puntualmente, para tratar de prorratearlos en un trienio – y, por otro lado, que la retoma de tales conversaciones tiene que hacerse bajo condicionalidades análogas a las fijadas en el último Acuerdo de Setiembre del 2003.
A estas condiciones – que abarcan Metas Fiscales y Reformas Estructurales – nos hemos referido particularmente en los números 26, 25, 23 y 21 de El Traductor Gráfico. El presidente Kirchner se encuentra así ante el dilema que – cualquiera sea su discurso público contra el Fondo - después del nuevo Megacanje tiene ahora el dilema de empezar a cumplir con los nuevos compromisos asumidos por la Deuda Pública, que tocan tanto a los bonos reestructurados como a la otra mitad de la Deuda remanente, que todavía no ha sido refinanciada. Y dentro de esta última están los vencimientos con los Organismos Multilaterales de Crédito, además de los bonos post-default.
El gobierno Kirchner ha venido cumpliendo total y escrupulosamente con los pagos de Capital e Intereses con el Fondo – lo mismo que con el Banco Mundial y con el BID – aceptando sus exigencias de base, más allá de algunas demoras parciales de cumplimiento. Pero la principal de estas exigencias era llegar a un arreglo con los tenedores de títulos públicos en default, como requisito previo e indispensable para retomar luego las negociaciones con el Fondo. Este requisito ahora se ha cumplido con el Megacanje, aunque el gobierno Kirchner todavía no ha demostrado su capacidad de repago para poder atender los Servicios de la Deuda a posteriori de este nuevo acuerdo de reestructuración. Obviamos aquí todos los detalles de este tema porque ya los hemos desarrollados en los últimos números de El Traductor Gráfico, especialmente en los cuatro citados más arriba

LA POLÍTICA DE ENDEUDAR.

Si no recordamos mal, a fines de la década del ´80 fue el actual ministro Lavagna – entonces funcionario del gobierno Alfonsín en el área de Comercio Exterior – que renunció a su cargo advirtiendo el peligroso "festival de bonos" en que había entrado la Administración del Estado. Paradójicamente, el Dr. Lavagna es hoy el Ministro de Economía que pilotea el inicio de un nuevo gran "festival de bonos" en la Argentina, un proceso que se ha puesto en marcha apenas cerrado el Megacanje Kirchner (una reestructuración de Deuda que, repetimos, no tiene demostrada su capacidad de repago) y que tiene por objeto declarado refinanciar en forma sistemática todos los vencimientos de Capital que se van produciendo y capitalizar por anatocismo la mayoría de los Intereses anuales devengados. En línea con esta postura, el gobierno Kirchner ya ha comenzado a emitir nueva deuda en bonos locales – los Boden 2014 – en pesos indexados por Inflación, a Tasas de Interés implícitas que no bajan del 15% anual y a 9 años de plazo.
Este nuevo mecanismo de endeudamiento, común a los nuevos bonos del Megacanje y a los que se empiezan a colocar ahora para renovar toda la Deuda por Capital, constituye – como ya lo hemos explicado en números anteriores – una "bola de nieve" de efectos financieros explosivos: tasas de interés crecientes en los bonos Par y Discount, aumentos de la base de cálculo de Capital por anatocismo de los intereses no pagados durante el próximo decenio, "plus" por crecimiento computado sobre el valor nominal de los viejos títulos y, sobre todo, indexación por CER (correspondiente a la Inflación pasada) de todos los nuevos títulos en pesos. El grado de aumento de la Tasa de Interés promedio sobre un stock de Deuda Pública equivalente a más del Producto Bruto Interno – entre 150 y 160 mil millones de dólares – y la proyección creciente de la misma como derivado lógico de las nuevas colocaciones de bonos determina que el Gasto Público por concepto de Intereses será inexorablemente creciente en los próximos años. Y como estos bonos son colocados a altísimas tasas de interés – es un despropósito tomar Deuda así indexada a largo plazo – el riesgo sobre la Deuda Soberana es mayor.
De hecho – como hemos visto en los números anteriores de El Traductor Gráfico (26, 25, 23 y 21) – después del Megacanje el país está condenado a renovar los vencimientos de su Deuda tomando bonos a tasas más elevadas, con el agravante que están atadas a un mecanismo indexatorio perverso, porque se institucionaliza el privilegio de la actualización por Inflación para las Deudas Financieras del Estado mientras se mantiene la prohibición de la Ley No. 23.928 para no indexar el resto de las Deudas, públicas y privadas. La Argentina cae así, cada vez más hondo, en la trampa de la Deuda más cara: es el círculo vicioso perfecto de la Usura. Y el Banco Central (BCRA) deviene, dentro de este esquema, la principal institución regulatoria del mecanismo estructural de la nueva Inflación pautada que se está desarrollando en la Argentina, porque el BCRA emite dinero sin respaldo para comprar dólares y luego aumenta las tasas de interés de Letras y Notas (LEBAC/NOBAC) que coloca en el Mercado para esterilizar ese dinero, con lo que se cumple el objetivo del FMI de aumentar la Tasa de Interés para frenar el riesgo inflacionario cuando, por el contrario, la Tasa de Interés es el principal factor de Inflación, porque el Multiplicador del costo financiero es muchísimo mayor que todo multiplicador de la Inversión Productiva.
El gobierno se encuentra así en la encerrona del costo financiero de la Política Cambiaria – tema que ya lo hemos desarrollado especialmente en los números 21 y 20 de El Traductor Gráfico, además de los otros números citados – porque para sostener el Dólar alto termina subiendo la Tasa de Interés, lo que desacelera la Economía Real y aumenta el Gasto Público por Servicios de la Deuda. La reaparición de un déficit cuasi-fiscal - esto es, no el déficit de la Administración del Estado sino el déficit del tratamiento monetario y financiero del Banco Central – configura así parte del nuevo escenario de endeudamiento público después de la llamada "salida del default"; una apuesta muy peligrosa de aumento en la Deuda para el sostén transitorio del tipo de cambio mientras se busca lograr nuevas refinanciaciones de Deuda hasta el fin de la Administración Kirchner; cosa que se programa a costa de empeorar el esquema de refinanciamiento por vía de nueva deuda en dólares con alta sobretasa por riesgo-país y con nueva deuda en pesos con altísima tasa derivada del Capital indexado por Inflación.
Y como elemento de balance para esta ecuación desequilibrada el Fondo propone no solamente el mantenimiento de altas tasas de interés sino fundamentalmente la nueva apreciación del peso, lo que choca contra la política de Tipo de Cambio Alto del gobierno Kirchner y también contra la lógica del Crecimiento Económico. Las tres exigencias clave del Fondo para la Deuda Argentina de hoy son así:
El alto Superávit Fiscal Primario para el mayor pago de los Servicios de la Deuda,
La apreciación del peso frente al dólar para mejorar aún más el pago de dichos servicios, y
La descompresión relativa del perfil de vencimientos en comparación con otros países emergentes – como el Brasil, que está en virtual cesación de pagos – precisamente para que la Argentina pueda volver al Mercado de Capitales para tomar más Deuda.
Con el cumplimiento gradual de estas condicionalidades concurrentes, la actual Administración Kirchner se presenta ante la Opinión Pública y el Electorado bajo la máscara de una aparente solvencia fiscal que le es reclamada para poder cubrir las exigencias del verdadero plan de nuevo endeudamiento público del Fondo Monetario para la Argentina.

© Héctor Giuliano, Adrian Salbuchi –  Julio 2005 –
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