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Latinoamérica

24 de febrero de 2004

Voz pura, conciencia limpia
Saramago: el mérito de vivir

Lisandro Otero
Rebelión

Acabo de pasar unos días en Quito, en compañía de José Saramago. Invitado por la Fundación Guayasamín acompañé al escritor durante los homenajes que recibió de la propia Fundación y la UNESCO. Fue declarado hijo ilustre de la ciudad, recibió medallas de la Prefectura, la Alcaldía, del Ministerio de Educación, de la UNESCO toda la parafernalia de las ceremonias republicanas, toda la solemnidad de los fastos públicos.

Eso sí, ninguna cortesía fue enmarcada en el gobierno de Lucio Gutiérrez a quien acusan en Ecuador de haber consumado todas las traiciones, todas las apostasías, desechando principios, renunciando a cuanto dijo iba a hacer y no ha hecho. Incluso fuimos testigos de iracundas manifestaciones estudiantiles, vimos los tanques en las calles y la represión en marcha: bombas lacrimógenas contra muchachos de doce y catorce años.

Saramago se entrevistó con los dirigentes del movimiento de protesta indígena. Luego diría, en uno de sus discursos de beneplácito, que la tierra que pisábamos era originalmente de aquellos nativos y nosotros (los blancos, los españoles, los occidentales), apenas éramos huéspedes y debíamos respetar a nuestros anfitriones.

En momentos más distendidos le escuchamos que el verdadero nombre de su familia es Souza. José de Souza se llamaba su padre y Saramago --el nombre de una hierba--, era un apodo, que luego fue necesario legalizar cuando por el uso repetido llegó a suplantar el verdadero apelativo. Esos instantes de familiaridad nos permitieron apreciar mejor a su mujer, Pilar del Río, su traductora. Dinámica, eléctrica, vigorosa, tan firme en los principios como su esposo, un puntal sólido (tal como indica su nombre), una provisión inagotable de dignidad. En todas sus palabras Saramago fue fiel a sus ideas, consecuente con su defensa de los de abajo, con la necesidad del cambio social, la urgencia de dar de comer al hambriento y de beber al sediento. Una voz pura, una conciencia limpia, siempre recordando que resta mucho por barrer en este mundo. Saramago es el último de los herederos de una tradición europea que ha enraizado en nuestro tiempo, la del intelectual comprometido. Fue Rimbaud quien primero atacó las bases del Segundo Imperio y Zola quien estremeció las instituciones establecidas con su Yo Acuso, pero fue Sartre quien le dio forma y consistencia a esa categoría del ser pensante: el eterno inconforme intelectual. La izquierda literaria ha pasado por períodos de represión, de censura. Los escritores han sido fusilados por sus textos, han ido a la cárcel, sus obras han sido mutiladas, incineradas. La voz contestataria llegó a su cúspide en la década del 60 con la guerra en Vietnam, la revolución cubana, las guerrillas revolucionarias latinoamericanas. Saramago ha sido una de las voces más altas en este noble quehacer.

Cuando le fue otorgado el Premio Nobel de Literatura se le llamó Saramugo, Saramego, Samarigo, Samurogo, todos estos nombres, en las estaciones estadounidenses de radio y televisión. Reflexioné que cualquier estudiante de enseñanza media latinoamericano es capaz de pronunciar perfectamente los nombres de William Faulkner, Scott Fitzgerald o Ernest Hemingway. Esa es la ventaja de la cultura de los países industrializados, la cultura de los dueños de la comunicación, sobre la del subdesarrollo: su capacidad para imponerse; esa es la diferencia entre patronos y clientes. Lo importante es que la Academia Sueca haya reconocido los méritos de José Saramago otorgándole el Premio Nobel a alguien que reúne a los méritos creativos el de un admirable comportamiento ético.

Estos días de Quito, transcurridos entre los espacios deslumbrantes de la Plaza de San Francisco y los altares dorados, de un sobrecargado barroco, de la iglesia de la Merced, ante la tumba de Sucre y bajo la mirada severa de los arzobispos de la sala capitular catedralicia, tuve el privilegio de escuchar a uno de los más bravíos, honestos y lúcidos intelectuales de nuestra época y con ello me reafirmé hallarme ante alguien que ha merecido vivir.

gotli2002@yahoo.com