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Argentina: La lucha continúa

Nuequén: la rueda de Pepe Alveal

por sebastian hacher ((i))

sebastian@riseup.net


Una charla con Pepe Alveal, el joven del MTD que perdió un ojo durante la represión del 25 de Noviembre
"inmensos jóvenes de piesin más edad que la esperanza"
(Roque Daltón - Por qué escribimos)


Sesenta y cuatro. Ese es el número de huellas de bala distribuidas en todo el cuerpo; cicatrices redondas, oscuras, que parecen quemaduras de cigarrillos y que sólo se van con los años. Pedro Alveal, Pepe para los amigos, llegó a Buenos Aires el jueves para someterse a la primera de una serie de operaciones por el ojo que perdió durante la represión del 25 de noviembre pasado en Neuquén.

Con sus 20 años, milita desde hace tres en el MTD de Neuquén, y trabaja desde agosto del 2003 en Zanon, la fábrica de cerámicos recuperada por su trabajadores. El día de la represión, cuenta que "había que ir al Ruca Che para decir que no queríamos esa tarjeta, porque imponía determinadas condiciones que iban a perjudicar a muchos de los compañeros".

Lo que vino después fue conocido por casi todo el país: los desocupados intentaron hacer una asamblea que terminó en una represión en todo el barrio y hasta la noche. Hubo heridos con bala de plomo en el estómago, piernas y brazos, decenas de detenciones. Entre ellas, la de Pepe, que hoy nos cuenta su historia.


En la línea de fuego.

"Yo estaba con una compañera repartiendo volantes a la gente, para discutir porqué no aceptar la tarjeta. En ese momento la policía me vio y después cuando empezó la represión me apuntaron a la cabeza. Me quedé en la primera línea, junto a muchísima gente del barrio que ni siquiera milita. Gente obrera, campesina, mapuches, niños".
No hay miedo ni exageración en sus palabras. Habla en forma pausada, casi medida. Se toma su tiempo para elegirlas con cuidado, como si cada una valiera oro.

"Contra todos reprimieron. Cuando vimos que pasaban las horas y la represión no paraba decidimos hacer una asamblea para ver qué hacíamos. Si seguía la cosa así sabíamos que iban a entrar a las casas para pegarle a cualquiera".
Y antes y después, las balas.

"La policía llegó al lugar de la asamblea a los tiros. Yo me quedé parado mirando cómo se iba la gente. No me metí detrás de nada, no se lo que me pasó en ese momento. No corrí y la policía vino hacia mi. Ahí empiezo a recibir tiros, me siguen como cuatro o cinco motos, me pegan, me siguen pegando. Cuando me llevan a la comisaría donde me siguen golpeando. Me gritaban zurdo, gremialista, y yo digo eh, ¿que onda?. Me hicieron arrodillar y me empujaron adentro de una celda. Después unos enfermeros que me estaban esperando afuera me llevaron al hospital, cuando me largan, a las tres de la mañana".

Arrancar.

Küpan kimkimtualu tañi che ñi doi kümeleam; vine a estudiar para bien de mi gente, podría decir tranquilamente Pepe si hubiera nacido en esas mismas tierras hace un siglo. Y entonces sería un tolqui o un kona; un guerrero mapuche defendiendo su pueblo. Pero como nació en la patria petrolera del siglo XX, en un barrio obrero de Neuquén donde los hijos de los hijos de la tierra viven apiñados y sin oportunidades, le contamos que alguien, contestando a un artículo, dijo que no creía que pudiera trabajar, estudiar y militar al mismo tiempo. Se ríe, quizás por única vez durante la charla, y explica algo que para él es lo más natural del mundo.

"Cuando yo tenía el horario fijo, iba a la mañana a Zanon, después los martes nos reuníamos los jóvenes, los jueves reunión general del MTD y estudiaba de noche, de 8 a 12, no para ocupar el tiempo en alguna cosa; el estudio es a lo que más apuntaba yo. Quería arrancar por otro lado"

Hay algo de paternal y algo de pibe de barrio en su forma de ser; una combinación de un idealismo apenas rasguñado por las balas, con un sentido de la responsabilidad difícil de encontrar en mucha gente.

"Después de la represión no me caí. Al otro día quería ir a la escuela, me levanté y me encontré internado y con un policía al lado. Me parecía que todo me reprimía. En ese momento me sentía anarquista; no quería aceptar ni la palabra del médico".


Como el primer día.

"Hacía algunas changas, siempre traté de manejarme por las necesidades que veía no sólo en mi familia, sino también en los vecinos. Antes salía con un carro a vender manzanas con mi viejo para llevar un mango a casa. Me paraba en una esquina y los conocidos nos compraban. Mi viejo hasta que entró a la fábrica hace unos meses estuvo en la calle vendiendo."

Su padre, Juan, trabajó hasta el 2001 montando antenas en una contratista de Telefónica que, como cientos de empresas en todo el país, redujo personal en lo peor de la crisis. Desde dos días después de la represión, Juan entró a trabajar en la fábrica por propuesta de una asamblea de los obreros. Si para su padre entrar a Zanon fue volver a sus orígenes, para Pedro, en cambio, fue descubrir un mundo nuevo.

"Yo nunca había estado en ninguna fábrica. Lo más groso que había visto era una obra en construcción. Yo pensaba que era una fábrica porque había mucha gente y en dos días quedaba una casa construida. Pero ahí termina el laburo y te echan."
En el MTD eligieron, en agosto del año pasado, que sean los pibes como Pepe los destinatarios de los primeros puestos de trabajo genuinos ofrecidos por los ceramistas. Ni él, ni la mayoría de sus compañeros jóvenes sabían lo que era un trabajo estable.

Pepe se integró a la parte de selección, donde se ven pasar decenas de cerámicos por minuto y hay que controlar que cada uno sea igual al siguiente. Además de esa tarea, Pepe "paletizaba", juntando las cajas de cerámicas de a cien sobre una base de madera que -aclara- fabrica la gente del MTD. Lo hacía con un entusiasmo que -lejos de apagarse- fue creciendo con el tiempo.
"Hasta el día de hoy sigo como el primer día. Muy contento de haber entrado a una fábrica que está controlada por los trabajadores. Y me dan ganas de meterme en cualquier fábrica y proponer lo que pasa en la mía. Es impresionante; yo empecé a leer para saber más del comunismo".

Los hilos

"Estar en mi casa me hizo pensar en muchas cosas. Cambiaron los sueños. Estuve soñando despierto, porque ni siquiera podía descansar tranquilo. Ahora estoy más lúcido, pero en ese momento estaba muy loco."

A la mañana siguiente de la represión, con Pepe en el hospital y su imagen dando la vuelta al país, tres mil personas se movilizaron en Neuquén, desafiando al clima y a la propaganda de Sosbich para intentar hacerlos pasar por "vandálicos". Con la represión en Neuquén y Salta, la campaña contra los piqueteros encabezada por Anibal Fernandez llegaba a su apogeo y comenzaba a chorrear sangre por los costados.

Pero la solidaridad escucha más las voces de la calle que a los editorialistas de turno. Las noticias fueron corriendo de mano en mano, cerca y lejos de Pepe. Nadie de los que lo conocían podían dejar de estar atentos a como evolucionaban los hechos en general y su salud en particurlar. Muchos, por suerte muchos, no podíamos dormir.

"Me vinieron a ver varios compañeros para decirme que siga adelante. Vino un soldador amigo de mi hermano y me mostró una herida en el pecho. Una bala de plomo y me contó que se la dieron en el 74. Y me dijo que se organizó y que siguió una línea, los hilos que vienen de esa época, que en el día de hoy si la agarras tenés que seguirla hacia adelante. Yo lo escuché mucho; esas cosas te ponen de pie. Porque por más fuerzas que tengas es difícil pararse, necesitás que tus compañeros te ayudan, te hablen."


Nosotros, los molestos.

"Les molesta que la gente se manifieste. Les molesta que uno reclame por sus derechos, por su futuro. Les molesta Zanon, que los obreros puedan parar una fábrica, que dentro de ella haya desocupados que se organicen".

Si lo que buscaban con la represión es quebrar la resistencia que los desocupados protagonizan en Neuquén desde 1995, con Pepe se equivocaron feo, porque la represión lo cambió, pero no en el sentido que ellos buscaban.

"Si antes pensaba que había que parar con la represión que se viene dando desde el 2001, ahora pienso que no solamente hay que pararlo sino que hay que pelearla de frente y destruirla. Este es un sistema que puede saber todo de tu vida, de tus familiares. Pero a la vez yo creo que si armamos otro sistema se puede combatir. Parar se puede parar cualquier cosa. Parás un colectivo y paran los cinco que vienen atrás. Yo creo que sí se puede parar y empezar otra cosa. Además somos muchas las personas, no varias, sino millones que tienen bronca. Hay mucha gente con la que empezar a mover algo que no sea lo que te imponen. Este gobernador se quiere llevar todo y no es así. Por eso la idea es empezar a hacer girar una rueda al costado del poder, donde importe lo que digamos nosotros."

Los pocos periodistas que vinimos en grupo para robarle a Pepe un pedacito del poco tiempo libre entre médico y médico, nos fuimos con una frase que quedó dando vueltas en el aire. Pepe, ese joven que creció de golpe y a los golpes, ese pibe que sabe que molesta porque está haciendo algo que es noble y verdadero, terminó la charla invitándonos a ser como él.
"Yo creo que hay que salir aunque sea a asustar. Como ustedes, que son jóvenes; por algo están acá, hablando conmigo, porque están buscando algo".

Y vaya si lo encontramos.

Sebastian Hacher, Buenos Aires, 27 de Enero del 2004


Epílogo policial

(Mientras se escriben estas lineas, en Neuquén los jueces Badano y Fernández, designados por Sobisch y su mayoría automática para ser miembros del Tribunal Superior de Justicia y actualmente a cargo de la Camara de Feria, tienen en sus manos la resolución de la libertad de los policías que agredieron a Pedro Alveal. El defensor de los policias, el Dr. Pandolfi, presentó un escribo apelando la prisión preventiva dictada por el Juez Abelleira contra los agentes Osvaldo Fornara, Elías Cifuentes, Alfredo Cortínez y Néstor Gatica. Copiamos dos párrafos de esa apelación, que alcanzan para conocer quienes son los defendores de la policias y los propios detenidos:

"Creemos que -no obstante el entrenamiento y la ‘profesionalización’, etc. de la que tanto se habla y que vemos sobre todo en el cine o en la TV, todo ello no alcanza a borrar el hecho de que los empleados policiales, no dejan de ser mamíferos ...por muy entrenados que estén... Si así no fuera, no se entendería como los superprofesionalizados soldados norteamericanos que ocupan actualmente Irak, no obstante su entrenamiento, su preparación, etc. hayan matado un par de miles de niños Iraquies, en lo que va del conflicto..."
"...se advierte claramente que los policías que defendemos hicieron lo mejor que pudieron, cumplimentando las instrucciones y respetando la integridad física de las personas a las que se les había ordenado reprimir, como que agredían al personal policial, saqueaban comercios, habían intentado asesinar a un oficial de la policía... y que no acataban las ordenes de detención que reiteradamente se le impartieron -como fue el caso de Alveal en particular-.- Quien entonces incurrió en el delito de desobediencia de una orden legitima que le fue impartida.- Por lo que la represión fue -en principio ajustada a la ley...".

Fin del epílogo. No hay nada mas que agregar)
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