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Medio Oriente

Robert Fisk
Una predicción imprudente


El plan "de paz" que presentó Ariel Sharon la noche del jueves al presidente estadunidense, George W. Bush, en Washington -y que consiste en deshacerse de Yasser Arafat, crear una Autoridad Nacional Palestina (ANP) más obediente y seguir construyendo asentamientos exclusivos para judíos en tierras palestinas- es una fantasía.
Y la propuesta de que los estadunidenses le faciliten el camino a Israel, insistiendo en que la necesidad de que Arafat reforme su gobierno es más importante que congelar la construcción de asentamientos (que fue la idiota contribución que la asesora de Seguridad Nacional, Condoleezza Rice, hizo a este debate estéril), demuestra lo mucho que la administración Bush se ha alejado de la realidad. ¿Cuánto tiempo pasará antes de que los estadunidenses se percaten de que lo único que obtendrán con esta política lastimera será una guerra infinita en Medio Oriente?
Los desesperados intentos de Sharon por reprimir una violenta guerra anticolonialista son acompañados de las armas sicológicas usuales: la práctica deshonesta de tachar cualquier crítica hacia Israel de antisemitismo, la aseveración mentirosa de que el ejército israelí actúa con moderación, marchas multitudinarias y continuos intentos de retratar a los palestinos como animales suicidas y bestiales. El mismo Sharon ha adoptado la costumbre de culpar no sólo a Arafat y a sus corruptos lugartenientes de los perversos atentados suicidas con bomba contra los israelíes, sino que ahora culpa también a los palestinos como pueblo.
Apenas el mes pasado, en la Knesset, se refirió a "la locura homicida que ha hecho presa de nuestos vecinos palestinos". Si los palestinos, como pueblo, están ahora po-seídos de una "locura homicida", Sharon no va a hacer la paz con ellos. Y si los palestinos se siguen viendo rodeados por los asentamientos judíos que formarán el Gran Israel en sus tierras, ellos tampoco harán la paz con Tel Aviv.
Al ingresar a ciudades de Cisjordania arrasando todo a su paso y destruyendo la infraestructura de la ANP, el ejército israelí está ganando sólo un breve respiro en su lucha contra la resistencia palestina. Es fácil confiscar cohetes y explosivos, pero los atacantes suicidas están siempre a la espera de su próxima misión.
Y contrariamente a lo que se afirma tanto a nivel de información oficial como de mito y de leyenda, el ejército israelí se ha comportado más como una milicia que como una fuerza militar disciplinada. Las denuncias de que las tropas israelíes hicieron un pillaje monumental en Ramallah, robándose especialmente joyas y efectivo, han alcanzado proporciones épicas. Israel podrá decir públicamente que las acusaciones son propaganda palestina, pero los

altos mandos militares israelíes saben que estas historias son ciertas; un oficial se refirió a ellas como "el horrible fenómeno del vandalismo a gran escala".
Quien lo dude, debe leer el impactante reportaje de Amira Haas publicado a principios de esta semana en el diario israelí Haaretz, en el que describe la orgía de destrucción ejecutada durante un mes en el Ministerio de Cultura de Ramallah. Los soldados que tomaron estas instalaciones despedazaron y robaron enormes cantidades de computadoras, mobiliario, televisiones y pinturas hechas por niños, y dejaron todo el edificio, incluso cajones de escritorios y archivos de las oficinas, llenos de excremento y orina.
Uno debe hacerse esta pregunta: ¿Es este ejército más capaz de defender a Israel que los palestinos de defenderse a sí mismos? En un seminario en el Instituto Steinmetz de Investigaciones para la Paz de Tel Aviv -sobre el cual rara vez se informa fuera de Israel- se difundieron, el mes pasado, da-tos fascinantes. Más de 40 por ciento de la población judía de Israel, según el instituto, dijo que acepta una intervención internacional en el conflicto. Lo que es aún más sorprendente: 35 por ciento de los entrevistados admite que en esta intervención participen tropas extranjeras que separen físicamente a Israel de los territorios bajo control de la ANP.
En otras palabras, muchos israelíes están de acuerdo en que ejércitos extranjeros los protejan de los atacantes suicidas palestinos. Y los palestinos, seguramente, estarían más que contentos de dejar que tropas ex-tranjeras entraran en su territorio; lo han pe-dido por décadas, pero Sharon o cualquier otro miembro del Likud (partido derechista israelí) que lo sucediera se opondría.
Pero es su propia política insensata de construcción de asentamientos la que ha traído tanta miseria a los israelíes. Una frontera real que separara a Palestina del Estado soberano de Israel traería a los is-raelíes mucha más seguridad. Pero Sharon no erigiría una división así, pues ésta separaría a Israel de los asentamientos judíos ilegales que ha estado construyendo durante los pasados 35 años en tierras palestinas. Así, los israelíes que viven dentro de las fronteras israelíes reconocidas internacionalmente están pagando con sus vidas el precio de que Sharon trate de extender su loco imperio de asentamientos.
Fuera de Medio Oriente, sin embargo, existe cada vez menos paciencia hacia esta guerra desgraciada. Los europeos se están aburriendo con este cínico y despiadado conflicto; están cansados de que se les llame antisemitas cuando critican la ocupación israelí y también están hartos de la corrupción y el nepotismo de Arafat, así como de su ineptitud para prevenir que los suicidas palestinos asesinen a niños.
No importa cuántas manifestaciones ha-ya en su favor, los israelíes están conscientes de lo aislados que han quedado. El he-cho de que Noruega, país que impulsó los acuerdos de Oslo, ahora condene a Israel es un indicio. Además, el Consejo de Europa ha recomendado a Estados Unidos que imponga un embargo de armas a Israel.
Y a pesar de los rugidos de los expertos pro Tel Aviv de siempre en la costa oeste de Estados Unidos y de los cabilderos is-raelíes del Congreso, los estadunidenses están furiosos por las cobardes e ignorantes políticas para Medio Oriente de su propio gobierno.
No puede permitirse que una guerra que está afectando los precios del petróleo y la economía mundial, que está convirtiendo a los musulmanes en enemigos de Europa y a los occidentales en enemigos del Islam, y que involucra una ocupación y un poderío colonial, continúe indefinidamente.
Por tanto, haré una imprudente y temerosa predicción. Después de Bosnia, Kosovo y Timor Oriental, nos hemos cansado de las guerras regionales, y creo que con el tiempo acabaremos por poner fin a la guerra en Medio Oriente. Con el apoyo de Rusia, de la Unión Europea y de la ONU, en el futuro, habrá tropas de Estados Unidos y de la OTAN en las calles de Jerusalén. Habrá una fuerza de protección occidental en Cisjordania y Gaza... y también en Israel. Las fuerzas de seguridad locales, tanto israelíes como palestinas, deberán volver a sus barracas, Jerusalén se convertirá en una ciudad internacional. Los palestinos tendrán seguridad. También los israelíes. Y sí, en la zona se establecerá una forma de colonialismo internacional.
Sí, ambas partes quedarán bajo una ocupación extranjera. Pero esto terminará al fin con esta guerra asquerosa.
©The Independent
Traducción: Gabriela Fonsec