VOLVER A LA PAGINA  PRINCIPAL
Internacional

2 de marzo del 2002

Angola: La muerte de Jonas Savimbi

Nelson Mezquida

Un estado de paz en que el país -que cuenta con petróleo y diamantes en abundancia- pudiera generar riqueza y bienestar para los 10 millones de habitantes no ha sido posible en los casi 27 años de vida independiente. Todos han sido de guerra y desolación. Savimbi fue uno de los responsables.

Eran algo más de las ocho de la noche del viernes 22 cuando me asomé a la terraza porque estaba llegando la gritería de cientos de voces. Venían desde el otro lado de la hondonada por donde corre el río Candombe, desde las estribaciones en donde se extiende el caserío del Barrio Candombe Velho. Creí que la algarabía se debía a que una columna de camiones había conseguido llegar desde la capital, Luanda, sin sufrir un ataque de los guerrilleros de unita.
Le pregunté al portero si sabía la causa de la gritería. Me contestó agrandando más aun sus grandes ojos y haciendo brillar más que de costumbre los dientes enormes en su cara oscura: "A radio diz que Savimbi morreu". La radio dice que Savimbi murió. La noticia la entendí como un cuchillo que cortaba el hilo de la historia, que interrumpía una serie de causas, dejándolas sin efecto, y que daba lugar a otra serie de causas para consecuencias que son imprevisibles.
Jonas Malheiro Savimbi, el doctor Savimbi, el presidente Savimbi, O mano velho, "el hermano viejo", el fundador y jefe indiscutido de la Unión Nacional para la Independencia Total de Angola (unita) había muerto. Las voces de alegría por esa muerte en esta ciudad que fue ocupada durante dos años eran la señal clara de que aquí la presencia de sus guerrilleros no había dejado un buen recuerdo. Pero el festejo de la gente fue ahogado de inmediato porque desde todos los retenes de seguridad que custodian la ciudad se empezaron a elevar ráfagas de armas ligeras, de fusiles y ametralladoras.
Debimos correr a refugiarnos en el lugar más seguro de la casa para protegernos de una posible bala perdida, como debimos hacerlo el 25 de junio del año pasado cuando unita asedió a la ciudad por seis horas y estuvo a punto de tomarla. Los comandos debieron correr de un lugar a otro para detener aquella acción insensata, que por lo que se sabe se repitió en otras ciudades de Angola. El tiroteo se mantuvo durante un rato largo, hasta que se fueron acatando las órdenes de enfundar las armas, o hasta que los más desobedientes agotaron los cargadores. Muchos que no conocían la causa del tiroteo huyeron al monte creyendo que se debía a un ataque.
Según el comunicado radial de la hora 20, Savimbi había caído en una emboscada a las tres de la tarde. El jefe de unita, organización también conocida como la fuerza del Galo Negro (Gallo Negro), iba con un grupo de 30 hombres que lo custodiaban. Las declaraciones del general que comandó el ataque señalan que todos los custodias murieron y el último en ser abatido fue Savimbi. Las imágenes de su cadáver dejaban ver una herida en el cuello que hace presumir que el propio Savimbi se disparó para no caer vivo en manos enemigas. Pero lo oficial es que cayó en combate abatido por 15 balazos.
Tenía 67 años el hombre que -desde que tomó contacto con los movimientos que estaban en el inicio de la guerra anticolonial contra el poder portugués en la década del 60, el Movimiento Popular por la Liberación de Angola (mpla) y el Frente Nacional por la Liberación de Angola (fnla)- nunca aceptó ser segunda figura. Se había incorporado al fnla y en poco tiempo ocupó su secretaría, pero encontraba que el movimiento pecaba de "tribalismo" y decidió, en 1966, fundar su propio grupo.
El hombre que conoció el Che, cuando los cubanos estaban en el Congo alentando a todos los movimientos anticoloniales, terminó en cierto modo como él, muerto en una emboscada. Pero sólo hasta ahí llega la semejanza. Porque Franz Fanon, el dirigente socialista argelino, ya en aquellos años demostró su desconfianza hacia Savimbi. Si el Che supuso que Savimbi luchaba por los ideales del socialismo se equivocó. Ya en el comienzo del camino hacia el fin del colonialismo se enfrentó a los que tomaron el poder en Angola y que en la Guerra Fría quedaron en lo que entonces era el bloque que lideraba la Unión Soviética. En noviembre de 1975 los militares portugueses que habían acabado con el régimen corporativista y colonialista que restaba como herencia de la dictadura de Salazar, en el momento de hacer el traspaso del poder lo entregaron al grupo más afín al movimiento de los Capitanes de Abril, que habían devuelto la democracia a Portugal y que en su mayoría simpatizaban con la revolución cubana.
El mpla se sostuvo con el apoyo cubano y soviético. Enfrentándolo estaba el fnla que era anticomunista y contaba con el apoyo total de Estados Unidos y el de Mobutu en lo que entonces era Zaire y hoy es Congo Democrático. También lo enfrentaba la unita, igualmente apoyada desde Washington y por Sudáfrica en el tiempo del apartheid, por los antiguos colonialistas portugueses y por China, un sostén que se terminó cuando el primer soldado sudafricano entró en territorio angoleño.
El fnla fue derrotado cuando Holden Roberto, su dirigente, se apresuró a ordenar un ataque con la intención de tomar Luanda, la capital de Angola, que desde siempre ha sido un bastión del mpla. Derrotado Roberto, Savimbi quedó como el adalid de la lucha anticomunista en Angola. En la década del 80 fue la superestrella, recibido con aprecio en los círculos republicanos estadounidenses. Los gobiernos de Ronald Reagan y de George Bush padre le dieron apoyo, un respaldo que fue funesto para Angola. Savimbi consiguió destruir el país e impedir que fuera una economía independiente. Contó con otros apoyos exteriores importantes: la derecha francesa y, en Portugal, la familia Soares, además del no menos significativo sustento indirecto que recibió de todos los grandes comerciantes que compraban los diamantes que unita extraía de las zonas que controlaba.
La estrella de Savimbi comenzó a opacarse sobre el final de la década del 80, en los reñidos combates que tropas cubanas y angoleñas libraron para expulsar a los sudafricanos del territorio angoleño. En la decisiva batalla de Cuito Canavale los soldados del apartheid fueron derrotados y obligados a rendirse. Consecuencia de esa batalla fue la formación de una troika -Estados Unidos, Rusia y Portugal- para establecer la paz en Angola. En Bicesse se acordó que las tropas cubanas volvieran a Cuba y que se iniciaran los trabajos para las elecciones en 1992.
Muchos observadores daban como segura la victoria de Savimbi. Era un hombre de gran carisma, muy culto -formado en ciencias políticas y jurídicas en la Universidad de Lausana-, y contaba con la ventaja de aparecer como la alternativa a un régimen al que una gran parte del pueblo consideraba corrupto. No pocos partidarios del mpla pensaban votarlo buscando un cambio que mejorara al país. Pero Savimbi fue mal aconsejado por sus asesores políticos; en sus discursos se jactaba de las acciones militares llevadas a cabo por unita. No vaciló en amenazar con que al día siguiente de su triunfo iba a expulsar de sus lugares de trabajo a aquellos que no simpatizasen con él. Su discurso asustó a la gente y en poco tiempo corrió a una parte de los potenciales votantes que anunciaban su triunfo. Un graffiti en una de las paredes de Luanda lo resumía: "mpla roba, unita mata".
Savimbi no aceptó el resultado de las urnas y se lanzó al ataque contra el mpla en el poder. Él y sus hombres aprovecharon que el ejército nacional había sido prácticamente desarmado en el cumplimiento de los acuerdos y se lanzaron al ataque. Quisieron tomar Luanda pero fueron expulsados por fuerzas de la policía y civiles armados. En octubre de 1992 unita ya dominaba el 75 por ciento del territorio. La lucha por la toma y reocupación de las ciudades aparejó enormes sufrimientos a la población civil, que nunca fue respetada por ninguno de los bandos en la furia de la guerra. Multitudes debieron abandonar sus hogares, sus aldeas, para ir a hacinarse a la orilla de las ciudades. En las ciudades sitiadas muchos murieron de hambre(...).
El gobierno movilizó y reorganizó el ejército y en 1994 estuvo en condiciones de reconquistar las ciudades en manos de unita. En el camino de derrotar a Savimbi el gobierno de Estados Unidos salvó una vez más a su hombre. Presionó al gobierno angoleño para que detuviera la ofensiva porque ya "era la hora de parar las hostilidades y promover la paz y la reconciliación". El Consejo de Seguridad y el secretario general de las Naciones Unidas también presionaron, y todo se encaminó para que el 20 de noviembre de 1994 se firmase el Protocolo de Lusaca. Con ello se inició un nuevo proceso de paz.
En el momento del acuerdo el mpla controlaba todas las capitales de provincia mientras que unita lo hacía en el resto del territorio, incluidas las extensas zonas diamantíferas en la región llamada Las Lundas, en el nordeste del país. El gobierno en general completó las exigencias del acuerdo pero unita se negó a desmovilizar sus fuerzas y a entregar las zonas que controlaba.
Cerrando los ojos a las evidencias se dio el próximo paso con la esperanza de que integrando a Savimbi en un proceso de politización terminara renunciando al uso de las armas. Pero este deseo no fue correspondido; el Consejo de Seguridad respondió imponiéndole sanciones con la excepción de la venta de diamantes. unita contestó cortando todos los contactos con los representantes del gobierno y las Naciones Unidas.
Si bien la fuente de riqueza de Jonas Savimbi fueron los diamantes, el mpla ha contado con los fabulosos ingresos del petróleo, una riqueza no menos fabulosa que el país tiene. Con los ingresos del petróleo el gobierno consiguió armarse y reorganizar su ejército. Una vez cumplido esto se lanzó al ataque de los bastiones de Savimbi. Desde hace dos meses corrían noticias sobre el acoso por parte de las tropas del gobierno a las fuerzas de unita y, sobre todo, a la columna de Savimbi. En esta fase de la guerra, según algunas fuentes consultadas, el propósito del gobierno era liquidar a Savimbi y exterminar a unita, considerando insensato acceder a presiones internacionales para buscar un nuevo acuerdo de paz.
El hombre que manejó millones, que fue el dirigente carismático de su pueblo, el ovimbundu, terminó acorralado, sin abastecimientos, atravesando ríos para despistar a sus perseguidores. La imagen en la televisión de su cadáver en un poblado miserable de Angola, a ciento y pocos quilómetros de la frontera con Zambia, era penosa. Final previsible, dado que no se percató de que los tiempos habían cambiado; pero él no era un político sino un guerrillero. Un hombre de maniobras tácticas y no estratégicas.
Como una paradoja de la historia, mientras Savimbi moría, su archirrival, José Eduardo dos Santos, presidente de Angola, como vencedor total, era recibido por el presidente Bush, quien siempre simpatizó con Savimbi en tanto rechazaba a los miembros del mpla por comunistas.
Después de que Eduardo dos Santos se entrevistó con el presidente de Portugal, Jorge Sampaio anunció que trabajará por la paz y la reconciliación, y promete para dentro de un año o dos elecciones transparentes. Si consigue la paz y la reconciliación pasará a la historia con el mismo prestigio del héroe nacional angolano, el doctor Agostinho Neto.