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Internacional

15 de agosto del 2002

¿El fin de la Pax Americana?

Ansar Ahmed
Counterpunch, 9 de agosto de 2002

Para mí, la tragedia más silenciada en el ámbito nacional marcada por el 11 de septiembre es la rápida decadencia de la Pax Americana. Las víctimas más afectadas son los ideales democráticos que muchos de nosotros llevamos en el corazón y apoyamos. Paradójicamente, la mayor parte de las acciones emprendidas por la administración política en el período siguiente fueron racionalizadas y profesadas como si fueran a proteger los ideales democráticos. Pero después de todo, ni las acciones, ni muchos de los elementos que formaron la Coalición Internacional, pueden ser considerados ni remotamente como democráticos en su naturaleza.
¿Cómo ven otros la grandeza de EE.UU. en la actualidad? He tenido la oportunidad de estar en Europa, en Asia y (¿debiera siquiera reconocerlo?) en el Oriente Próximo (OK, OK, fue sólo una escala imprevista de un día) desde el horripilante evento, y desde luego me he comunicado por correo electrónico con gente de todo el mundo. He escuchado innumerables expresiones de simpatía con los que murieron el 11 de septiembre y sus familias, pero no he escuchado mucho apoyo (en realidad, ninguno) para las acciones del gobierno de EE.UU. de parte de gente (nadie que sea representante de algún gobierno) que vive en otros países. ¿Muestreo y metodología deficientes? Tal vez, pero estarán de acuerdo en que es extraño cuán coherente es la comunidad al respecto, que incluye diferentes clases de estructuras políticas y económicas. Lo que he escuchado también son suspiros lastimeros sobre cómo EE.UU. ha perdido su imagen. También hablan de gobierno desvergonzado y de una falta de respeto evidente por una conducta ética. ¿Quieren todavía venir a EE.UU.? Desde luego, pero también quieren emigrar a Canadá. Australia y a diferentes partes de Europa. La vida, junto con sus aspiraciones, no se detiene abruptamente aun cuando ocurren importantes tragedias. ¿Envidian suficientemente la riqueza y el poder estadounidense para tratar de derribarlos destructivamente? No, si fuera el caso, las clases marginadas de todas las sociedades estarían arrasando los sectores más ricos, y a los ricos no les quedaría bastante como para que otros sientan envidia.
Lo señalado son puntos de vista. Mi pronóstico académico de la grandeza de EE.UU., suponiendo las condiciones actuales, incluiría lo siguiente:
Un movimiento que se aleja de los auténticos ideales democráticos en la práctica, sin un cambio equivalente en la etiqueta (¿una pretensión de que el sistema continúa?)
Un aumento de la legitimación y de la racionalización del racismo, con un énfasis particular en las características étnico religiosas.
Un descenso en la categoría profesional y técnica de los inmigrantes; un aumento en el número de inmigrantes en posiciones periféricas
Una economía que dicotomiza aún más a los pobres de los ricos
Un gobierno aún más masivo
Permítanme que entre en detalles brevemente sobre estos temas, en algunos casos necesariamente con alguna superposición. Lo que hay que juzgar es si es la clase de grandeza que uno quiere apoyar, por el motivo que se sea.
No nos equivoquemos –sobre todo, EE.UU. sigue siendo la gran nación que era, me atrevo a decir que es más grande hoy bajo presión, salvo para algunos superpatriotas (seudo-patriotas como señaló un lector de Counterpunch en un correo que me envió) perdidos en su fanatismo y por ello parte de los que perdieron la noción del ideal. El concepto de nación al que aquí me refiero implica, por cierto, sólo a la gente y su cultura. Temo que no puedo hacer el mismo tipo de observación sobre la grandeza respecto al actual sistema estadounidense, impulsado por una maquinaria política que tiende al belicismo y que es incapaz de reparar una economía que se desmorona.
Cuando la política económica de una sociedad se hace disfuncional, el sistema llega a una crisis, y lo que podría ocurrir eventualmente de una manera evolucionaria que pasa desapercibida por la mayoría al adaptarse los ciudadanos a los problemas "regulares" es acelerado de manera revolucionaria. Teóricamente, y lo hemos observado en la práctica, cada sistema tiene un comienzo, un movimiento hacia un nivel máximo (que no es el mismo para diferentes sistemas), y entonces (típicamente) un movimiento lento hacia la entropía, En un ciclo subsiguiente, un nuevo sistema reemplaza al antiguo. Lo que sobrevive es la nación. Los griegos, egipcios, chinos, y los británicos, existen aún como nación (y como una sociedad) en la actualidad; sólo su dominación global ya no es de relevancia histórica. Ningún sistema de diseño humano es perfecto, y por ello, la tendencia es primero hacia la grandeza, y una vez que ha sido lograda o reconocida por otros como tal, la tendencia es hacia una entropía negativa y hacia la gestión de la homeostasis. Bajo condiciones normales, el sistema flaquea periódicamente, pero sin llegar a derrumbarse. Es decir, hasta que la economía política se hace irreversiblemente disfuncional.
Desde el nacimiento mismo de Estados Unidos, la democracia y el capitalismo han seguido siendo los objetivos político-económicos institucionalizados declarados y aceptables. La cara de la nación cambió, sin embargo, sobre todo con los cambios en los modelos de la inmigración y con el crecimiento tecnológico. A pesar de todo, la democracia y el capitalismo, en sí una mala pareja pero que siguió sin separarse por el bien de los niños (eso es otra historia), pero que sirvió su propósito a través de todos los movimientos caleidoscópicos de la demografía. En la actualidad, podemos seguir caracterizando a nuestro sistema político como democrático, pero podemos hacerlo sólo marginalmente. Una muy simple comparación con el sistema democrático de EE.UU., de hace unos cien años con el tipo contemporáneo pondría en evidencia esta observación. Desde luego, aquí estoy pisando terreno peligroso.
Si la democracia representa igualdad, igualdad de estatus, e igual participación, entonces cada una de estas doctrinas, previamente rasguñadas (a veces gravemente) por operaciones normales y regulares de la sociedad, han sido severamente lesionadas en la actualidad. Lo que despreciábamos en la antigua Unión Soviética –un gobierno que desborda la realidad, una fuerte presencia militar e incluso un presupuesto militar aún más grande, una preocupación obsesiva por lo que piensan los ciudadanos, y lo que dicen en público, lo que leen, amenazando con castigos a toda diferencia de opinión, considerando daños a miembros de la familia de los que están en desacuerdo, la persecución religiosa, y una rampante injusticia hacia la humanidad en nombre de la libertad y de la seguridad –vale ahora para Estados Unidos de hoy. Con el estado de la economía tal como está, no estamos tan alejados de las largas colas para papel higiénico. Las colas para el pan se formarán a un par de calles de distancia, si me hace el favor. Me parece que estamos en una fase que precede un importante cambio sistémico. Las noticias verdaderamente malas son que continuaremos llamando a este nuevo sistema "democrático," y que haremos mucho para protegerlo, aunque haya agujeros en la bolsa. Este cambio sistémico potencial no predice nada bueno para las masas, y todos los que están a favor de una auténtica democracia debieran necesariamente oponerse. Un objetivo mucho más viable y mucho más fácil de lograr es buscar un retorno a las libertades que nos fueron prometidas como patrimonio, o que nos fueron repetidas cuando levantábamos la mano derecha para jurar fidelidad a Estados Unidos, como ciudadanos recién naturalizados.
Una conexión obvia con la pérdida de los ideales democráticos es la forma en la que el gobierno de EE.UU. está enfrentando el terrorismo. La maquinaria política se comporta como si todo definiera el terrorismo exactamente de la misma manera. Desde la perspectiva de los gobiernos de la Coalición, el terrorismo no requiere una definición académica, más bien, todo lo que requiere es una identificación de quiénes son terroristas. La masa de los medios estadounidenses es su portavoz. Consistente y persistentemente identifican a los terroristas para el resto del mundo –son musulmanes. También han diseminado las malformadas imágenes de que no sólo todos los musulmanes son terroristas; los hombres árabes con barbas son los fundamentalistas que gobiernan en regímenes represivos. El hecho es que todos los árabes no son musulmanes (hay cantidades importantes de árabes que son no musulmanes), todos los musulmanes no son fundamentalistas (la mayoría de los adherentes al Islam son moderados), y todos los fundamentalistas no son terroristas (el fundamentalismo existe en toda clase de religiones y sus adherentes no realizan necesariamente actividades terroristas –¿tal vez me muevo de nuevo sobre terreno peligroso?). Las barbas y la represión –bueno, forman parte de toda configuración de una sociedad, incluyendo a EE.UU.
Una vez que definimos el terrorismo como quién lo es y no en términos de lo que es, resultan por lo menos dos severas deficiencias: una, estereotipa e incluye como terroristas a quienes puedan pertenecer a los mismos trasfondos religioso-étnicos, pero que no están involucrados en actividades que son terroristas; en segundo lugar, excluye a aquellos que no forman parte de los grupos religiosos y étnicos que son definidos como terroristas, pero que están implicados en actividades terroristas. Chomsky, en su libro 911 [11-S] indica que el Departamento de Defensa de EE.UU. tiene una definición básica de lo que son las actividades terroristas; sin embargo, al mismo tiempo, no hace profesión de ella ni la transmite abiertamente porque podría, en esencia, definirse a sí mismo y a los miembros de la coalición como terroristas, junto con la misma gente a la que está persiguiendo.
Es más fácil elaborar un perfil étnico-religioso de manera que el enemigo sea fácilmente identificable al verlo (no por lo que hacen, sino que por lo que son). Obviamente, esto tiene ramificaciones en la reducción del estatus de ciudadanos legítimos y respetuosos de la ley, que se ven enfrentados por el racismo aplicado en nombre del patriotismo; un racismo aséptico e inocente; un racismo que se institucionaliza. Los servicios comunes (la compra de suministros, alquilar un coche, tomar un seguro), el empleo, los servicios sanitarios y una cantidad de otros, pueden haber cambiado las reglas según las que operan. En otras palabras, el racismo puede ser institucionalizado de una manera como no lo ha sido nunca antes. Gente inocente va a sufrir, y a veces incluso será racionalizada como un daño colateral. Quiero asegurarles que creo firmemente que no hay que tolerar a los que están implicados en el terrorismo y que deben ser llevados ante la justicia.
En la situación actual, en la que el enemigo ha sido definido en términos de un estatus asignado, más que sobre la base de sus acciones, puede esperarse una mayor pérdida de libertades cívicas, no sólo por actitudes rutinarias perjudiciales, sino como resultado de leyes y agencias nuevamente instaladas. Es curioso que la Agencia de Seguridad Interior necesite gastar miles de millones [de dólares] adicionales para incrementar la seguridad sin lograr que el ciudadano promedio se sienta algo más seguro de lo que se sentía unos 60.000 o 80.000 millones de dólares antes. En lo que se refiere a la Ley del Terrorismo, da carta blanca a las agencias de mantenimiento del orden para que detengan indefinidamente a todo el que sea sospechado de estar asociado con el terrorismo, sin asesoramiento legal. Esta Ley, cuando recién fue presentada, fue atacada por los grupos de derechos cívicos, pero "pasó de contrabando" un par de semanas más tarde, cuando toda la algarabía sobre el debate se había desvanecido. Según cualquier definición, esto es separarse de los verdaderos ideales democráticos, pero no parece que fuera así en tiempos de crisis, porque es tan necesario perseguir al enemigo. En tiempos de crisis, los ciudadanos tienden a aceptar más fácilmente regulaciones que en otras circunstancias serían rechazadas como una amenaza para los ideales básicos de la sociedad. Sin embargo, las regulaciones, una vez creadas, difícilmente desaparecen una vez que las circunstancias que llevaron a su creación dejan de existir (¿Existe todavía una prohibición de que hombres casados vuelen los domingos a Burdoville, VT?). Puede ser que no sea ir demasiado lejos si se observa que el gobierno de EE.UU. se ha convertido, o se está convirtiendo, tan gigante como los gobiernos dictatoriales que solía criticar tan vehementemente, y algunos que tan paradójicamente forman parte de la coalición para proteger a la democracia contra el terrorismo.
Tampoco es un secreto que EE.UU. (entre otros países) se ha convertido en un refugio favorito para los que buscan socorro ante la persecución económica y política, la persecución religiosa, y aquellos que buscan una educación superior de estilo occidental. Típicamente, esos individuos trabajan hacia algún grado de asimilación y para convertirse en participantes efectivos, cuando continúan viviendo en EE.UU. Sin duda, numerosos grupos de la clase trabajadora y más humilde han formado la mayor parte de la inmigración de las naciones no-occidentales (con la ayuda, en gran medida, del Programa de Diversidad de Visas), pero esto no ha impedido la afluencia de los grupos más profesionales y técnicos. Para el grupo anterior, las ventajas económicas constituyen el foco principal, mientras que las relaciones entre grupos y en la sociedad son mucho más periféricas y no preocupan a menos que afecten directamente sus condiciones. Para los últimos, después de ganar algún sentido de estabilidad, el tema de su propio estatus social es precisamente central para su participación y existencia en EE.UU.
En un ambiente en el que el estatus social es más determinado sobre la base de la adscripción, y no de la realización, EE.UU. se vuelve cada vez menos atractivo como un sitio al cual emigrar. En otras palabras, una inflación de las actitudes actuales ciertamente afecta inversamente el deseo de la fuerza laboral profesional y técnica de migrar a EE.UU. Un breve pronóstico traería consigo claramente una baja en esta categoría de inmigrantes que tendría efectos agudos y perjudiciales sobre la economía. El grupo que está satisfecho con trabajos sin futuro, y cuyo motivo dominante es el provecho económico, no sería muy afectado por una diferencia estadísticamente importante en los modelos de migración. En última instancia, esto resulta en menores cantidades de inmigrantes con la capacidad de ser móviles ascendentemente, pero mantiene (o tal vez aumenta) la cuantía de los que están trabados en un sistema similar al de las castas.
Recientemente, el Ministro de Justicia anunció que el Departamento de Justicia está dando más autoridad a las oficinas del FBI en el terreno para que lancen investigaciones clandestinas del terrorismo, transfiriendo esa responsabilidad de la central de la agencia en Washington. Los cambios permiten que el FBI reúna información sobre individuos incluso si no están sometidos a una investigación criminal. Las técnicas incluirían el control de portales en Internet, así como de bibliotecas e instalaciones religiosas (¿por qué no decir simplemente mezquitas?). Un escrutinio más cercano revela algunas tendencias extremadamente preocupantes. El tema principal no es el uso de la autoridad, sino su abuso. Paradójicamente, para lograr libertad y seguridad, esta nueva autorización limita esas mismas cosas para algunos segmentos de la población. Se puede preguntar ¿cómo se relaciona esto, por ejemplo, con el principio de la libertad del culto religioso, y particularmente en el caso de los niños musulmanes, si crecerán o no en una sociedad en la que se sienten menos que iguales, incluso perseguidos? Son niños musulmanes en EE.UU. que llevan los nombres Osama. Jihad, e Islam. ¿Tienen que convertirse en Sam, Jared, y quién sabe qué para escapar a los estereotipos y a una identidad legítima convertida en sacrílega?
¿Qué podemos hacer? Además de ser activistas políticos educados, es igualmente importante que todos nosotros nos hagamos más relativistas culturalmente y reconozcamos que las personas son productos de sus propios ambientes y que existen y deben existir perspectivas rivales. Es la esencia de la democracia. Esto no quiere decir que no deba haber límite alguno de la tolerancia, sino que las diferencias de ideología por sí solas no pueden ser la causa de conflicto. Incluso entonces, los objetivos no serán alcanzados, porque la imperfección y la diversidad son innatas en la naturaleza de los seres humanos, pero por lo menos nos estaremos moviendo en una dirección lógica. Tenemos que defender los fundamentales valores democráticos por el bien de la estabilidad y cohesión sociales, creyendo en ellos, profesándolos, y actuando correspondientemente.
El resultado final de estas recomendaciones debiera ser condiciones mejores para el mundo, para las naciones, las comunidades, y los individuos. Nos permitirán, entonces, vivir en un mundo que no intitule la guerra y el conflicto como los más importantes eventos globales, sino más bien algo que no sea tan desagradable. También dejará un legado para las futuras generaciones que de otra manera podría no existir. Y, esto, que parece una condición utópica, está lejos de ser inalcanzable.
¿Estoy prediciendo la tristeza y un futuro siniestro? De ninguna manera. La magia del sistema democrático (lo que queda de él) es que la gente común puede realmente producir un cambio de la misma manera como siempre pudieron hacerlo, pero muchas veces decidieron no hacerlo –votar. La magia del espíritu humano es que, al tomar conciencia de las potenciales catástrofes, podemos encontrar formas de evitarlas.
Mientras la democracia respira con dificultad en la Unidad de Tratamiento Intensivo, auxiliada por menos enfermeros de los requeridos, mientras Carolina del Sur está ocupada prohibiendo los tatúes, y mientras Rusia le ayuda a Irán para que construya un segundo reactor nuclear, lo que nos queda es proteger a Karzai, el presidente de un país reducido a menos que nada, primero por años de ocupación soviética, y por la más reciente capacidad metamórfica de alta tecnología de las armas de EE.UU.; proteger a Karzai, la personificación de la condición democrática en el EE.UU. de hoy; proteger a Karzai con Fuerzas Especiales de EE.UU. vestidos de camisetas y jeans, armados con artillería automática pesada, estilo Rambo. Seguramente, tenemos más y mejores objetivos que servir que proteger a Karzai. Sé que debe estar muy contento, tal vez con un poco de recelo por el riesgo de fuego amigo en tiempos de disenso.
Traducido para Rebelión por Germán Leyens
Nuestro capitán ha iniciado la secuencia de autodestrucción silenciosa del US Enterprise, y no puede hacer gran cosa para invertirla. No debiera sorprender a nadie; no es el Capitán Picard.
El Dr. Ansar Ahmed es profesor adjunto de sociología en Baldwin-Wallace College.
Su correo es:
aahmed@bw.edu.