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Internacional

26 de julio del 2002

De cómo crear opinión maquillando la información

Guimbo Santos
Rebelión

Vamos a ver dos pequeñísimos ejemplos de cómo determinada colocación de titulares y adjetivos valorativos –que no informan pero sí forman– puede suscitar una reacción inopinada ante una noticia.
1º. En la edición impresa del diario El País (6/7/02, p. 19) se leía el siguiente titular: FELIPE GONZÁLEZ PIDE AL GOBIERNO "AYUDA RÁPIDA" PARA ARGENTINA. Así dicho parece estupendo, parece que por fin la cúpula política, o al menos la ex-cúpula, se ha dado cuenta de que lo que está ocurriendo en Argentina debe ser inmediatamente remediado, para lo cual habría que enviar "ayuda rápida" a la población argentina. Sin embargo, el titular es un juego de espejos. La noticia realmente es otra: "En su opinión [de González], el ejecutivo de José María Aznar debería estar volcado en una 'ayuda rápida' para respaldar los importantes intereses españoles en ese país". El "para" del titular se ha convertido en un "para los intereses de empresas españolas en". Se puede ver que el titular dice exactamente lo contrario de lo que dijo realmente Felipe González… y no hace falta ser un militante de la teoría de la conspiración para darse cuenta de que ese desliz no puede ser un error. De hecho, en la edición digital, el titular pasa a ser subtitular con pequeñas modificaciones: "El ex presidente pide al gobierno que ayude más a Argentina". Cuyo titular es : "González expresa 'menosprecio' por Aznar y le reprocha sumisión a EE UU". En la versión digital el texto no sufre mayores cambios, viene a decir lo mismo. Pero el solo análisis de los titulares acaba por informarnos de que González lo que le reprocha a Aznar es que no sea más imperialista y esquilmador que los EE UU, que se quede a su sombra y no cometa una verdadera operación de fuerza en Argentina a favor de los intereses empresariales españoles, es decir, que no haya piedad con Argentina si los dividendos de las multinacionales españolas lo requieren.
2º. En la reciente riña sobre la isla de Perejil, el periódico El País incluía en su versión digital del 16/7/02 la transcripción de la conversación que mantuvieron un militar marroquí y un guardia civil pocas horas después de la ocupación de la isla por tropas marroquíes. Antes de proceder a la transcripción íntegra del diálogo el periodista nos presenta al soldado marroquí como "un hombre de unos 50 años, calvo y con bigote, ataviado con un polo a rayas horizontales, que se identificó con comandante de la Marina Real, hablaba un español muy precario y gesticulaba para subrayar sus palabras". Lo curioso es que del guardia no se nos dice nada. No se dice cómo viste (quizá por evidente), cuántos años tiene (quizá por respeto), cuál era su apariencia física (quizá porque no se le veía bien) y tampoco se nos informa de qué nivel de árabe hablado tenía el agente (quizá por inmodestia). La pregunta es, ¿por qué el periodista hace tanto hincapié en el aspecto y en la torpeza lingüística del militar marroquí? ¿Quería, de modo inconsciente, presentarnos al militar como un analfabeto militar mal vestido que quizá no tenía ningún derecho a estar en el pedrusco porque éste sólo puede pertenecer a gente que habla un español fluido y viste de uniforme? ¿Por qué desdibujar la humanidad del agente marroquí? Sólo el periodista lo sabe. Pero eso no es todo, en la transcripción literal de la conversación nos encontramos con lo mismo, se introduce en una expresión del agente marroquí un indicador de valor. Dice el marroquí: "Yo es militar"; el periodista, por su parte, escribe: "Yo es [sic] militar". ¿Qué pretende el periodista al introducir ese "sic"? ¿Quiere quedar libre de culpa o quiere dejar clarísimo que el marroquí no tiene ni idea de conjugar el verbo ser? En definitiva, ¿por qué tiene el periodista tanto interés en dibujar una imagen del militar marroquí tan depauperada?