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Internacionales

EL MUNDO HOY: DEL EURO AL EUROIMPERIALISMO

Por Heinz Dieterich Steffan

La flamante moneda europea, el euro, es mucho más que un empujón económico. Significa, al mismo tiempo, la vigorización de la euroidentidad, del eurocentrismo y del euroimperialismo, es decir, la aparición de un nuevo Leviathan en la arena de la historia mundial.
Doce de los quince Estados miembros de la Unión Europea participan en la nueva zona monetaria, comúnmente llamada Euroland: Bélgica, Alemania, Finlandia, Francia, Grecia, Italia, Irlanda, Luxemburgo, Holanda, Austria, Portugal y España. Quedaron fuera solo Gran Bretaña, Dinamarca y Suecia. Sin embargo, la influencia de la nueva moneda trasciende con mucho los doce países que la adoptaron formalmente como moneda "nacional" exclusiva. Muchas excolonias, colonias y neocolonias de la nueva superpotencia europea y hasta el Papa, adoptaron el nuevo estándar pecuniario; entre ellas la Guayana francesa, Guadalupe, Martinique, Mónaco, San Marino, el Vaticano, Andorra, Kosovo y Montenegro. Monedas nacionales con paridad fija se encuentran en 16 países africanos, por ejemplo, en Guinea Bissao, Nigeria, la Republica del Congo, Senegal y Costa de Marfil. Pero la influencia del euro llega también a los países que lo rechazaron. En Dinamarca, el 75% de los negocios ha decidido aceptar la nueva divisa y en Inglaterra, Suecia, Polonia y los otros doce Estados de Europa oriental y del sur, las empresas vinculadas al turismo y al sector externo no tendrán tampoco ninguna otra alternativa.
Mas del 50% de las exportaciones británicas son absorbidas por la Unión Europea y alrededor de catorce millones de turistas europeos derramarán anualmente miles de millones de euros en la isla. De tal manera que la fobia de los isleños a los de tierra firme sufrirá el mismo destino que su fobia contra el túnel del Canal de la Mancha. Cuando se planeaba el túnel ferroviario entre Francia y Gran Bretaña (Chunnel): los isleños estaban en contra, porque temían que se pasaran ratas rabiosas del continente al reino de su Majestad. Felizmente, la ciencia moderna impidió tal invasión y el túnel se construyó.
De hecho, el poder económico del nuevo bloque es tan grande que el "espléndido aislamiento" del pasado será tan pronto una reminiscencia romántica más en la memoria colectiva inglesa, como ya lo son el imperio británico y el pirata, Sir Francis Drake. Cumpliendo un largo sueño de treinta años de la elite política europea y dando fe de una obra maestra de logística, el 2 de enero del 2002 ---después de tres años como moneda virtual, es decir, sola para transacciones interbancarias fueron entregado 52 mil millones de nuevas monedas y 14.9 mil millones de nuevos billetes del euro a 302 millones de ciudadanos en los doce países mencionados. Además, decenas de millones de maquinas automáticas de venta, teléfonos públicos, etc., fueron readecuadas a la moneda, sin ningún problema, de tal manera que la nueva superpotencia demostró convincentemente su capacidad de participar de igual a igual con Washington en la competencia por el control económico de la aldea global.
La fuerza económica de euroland se expresa en las siguientes cifras: alrededor del 16.2% del Producto Domestico Mundial, PDM, se genera en esta zona, frente al 22% de Estados Unidos y el 7.6% de Japón; el PDM alcanza 6,3 billones de euros versus 8.6 de Estados Unidos y 4 billones de Japón; la participación en las exportaciones mundiales representa el 19%, comparado con los 15% de Estados Unidos y el 9% de Japón; finalmente, la capitalización bursátil como porcentaje del Producto Domestico Nacional representa, en los tres casos, el 66, 128 y 74%, mientras que potencial demográfico es de 302, 272 y 127 millones de personas. La nueva superpotencia económica es el resultado de un proceso histórico de1,500 años. Desde los tiempos del imperio romano no existía una Europa unificada con identidad, moneda y ejercito común.
Carlomagno, el magnicida del campesinado libre germánico, trató de resucitar el proyecto romano en el siglo IX, pero fracasó. Carlos V, el magnicida de los indígenas americanos, no tuvo mayor éxito en el siglo XVI. Y Hitler, el magnicida de los pueblos europeos, fracasó en el mismo intento de construir por la fuerza, lo que hoy es la Unión Europea. La unificación institucional elitista, pero pacífica, es por tanto, uno de los rasgos más notables de la flamante superpotencia. Es esa génesis que explica que, hoy día, la Unión Europea sea probablemente única (exceptuando a Suiza) en su respecto a la multiculturalidad, plurietnicidad y al federalismo, en la sociedad global; mucho más, inclusive, que los Estados Unidos en toda su historia, marcada por la esclavitud de los afroamericanos y la destrucción de los indígenas. Esa trascendental diferencia con los Estados nacionales históricos -que fueron imposiciones sangrientas sobre grupos de pueblos sometidos- no debe engañar, sin embargo, a nadie sobre el futuro papel que jugara la Unión Europea en la política mundial.
Es mejor para los países neocoloniales que haya dos amos en la aldea global, en lugar de uno (Washington), porque abre oportunidades de negociación que un sistema monolítico no ofrece. Por ejemplo, el posible cambio de la composición de los 208 mil millones de dólares en reservas internacionales que tiene China, le proporciona un arma económica de negociación fuerte; así mismo, el fin de la hegemonía del dólar como moneda mundial le quita a Washington, lo que equivalía a una capacidad crediticia global sin intereses.
Sin embargo, la democracia burguesa interna es perfectamente compatible con la explotación y la opresión externa. En este sentido, el nuevo imperio romano no será diferente al primero: nace como el Dios Janus, con dos caras: la bella, para los ciudadanos del imperio; la terrible, para los del Tercer Mundo.