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La vieja Europa

14 de junio del 2002
La gran aventura afgana de Tony Blair

(cuentos emocionantes para niñitos)
Alan Woods
In Defence of Marxism
Traducido para Rebelión por Germán Leyens
Existe una antigua canción infantil que dice:

El gran duque deYork,
tenía diez mil hombres.
Los hizo subir al monte,
Y volvió a hacerlos bajar.
Y cuando llegaron arriba, estaban arriba
Y cuando llegaron abajo, estaban abajo,
Y cuando estaban sólo a medio camino,
No estaban ni arriba ni abajo.

Como muchas otras canciones infantiles tradicionales inglesas, ésta es, en realidad, una antiquísima sátira política, basada en las infructuosas hazañas militares de un general inglés, que realmente era el duque de York, cuya estatua, si no me equivoco, aún puede ser vista en el centro de Londres, no lejos de Piccadilly.
Lo que me recordó esta canción fueron las recientes hazañas de la fuerza expedicionaria británica en Afganistán, que siguen de cerca el modelo militar establecido hace tanto tiempo por el mencionado duque de York.
Pronto tendremos que volver a publicar lo que escribimos sobre las perspectivas de la guerra en Afganistán y sobre toda la situación mundial después del 11 de septiembre. Creo que, a pesar de un error de detalle u otro, el desarrollo general de los eventos corresponde de cerca a lo que predijimos.
Dijimos que los estadounidenses se apoderarían fácilmente de Kabul, por la simple razón de que los Talibán no lucharían por defender las ciudades, que simplemente desaparecerían, fusionándose con la población civil o cruzando la frontera con Pakistán, donde esperarían un momento conveniente para lanzar una guerra de guerrillas que podría durar años.
Ahora bien, cualquiera que haya leído a Mao sabe que el primer principio de la guerra de guerrillas es evitar un conflicto frontal con fuerzas (regulares) superiores. Escribió: "El enemigo avanza, nosotros retrocedemos; el enemigo se detiene, lo acosamos; el enemigo se retira, lo perseguimos."
Todo esto parecería ser bastante elemental para cualquiera con el menor conocimiento de la ciencia militar. Pero las cosas siguen obviamente tal como solían ser en el ejército británico, e incluso peores en Downing Street Nº 10.
Hace unas semanas, los británicos anunciaron que enviaban una fuerza militar a Afganistán. No eran unos soldados cualesquiera, sino los Royal Marines –de entre los mejores combatientes del ejército británico. Tony Blair y sus ministros subrayaron en sus discursos en la Cámara de los Comunes que no se trataba de una misión simbólica, sino que los británicos iban a meter en cintura a los talibán y a al- Qaeda.
Los desafortunados infantes de marina fueron inmediatamente despachados, cargados de pesados fardos de equipo, a parte del territorio más remoto y hostil de ese país extremadamente remoto y hostil. Durante semanas subieron y bajaron penosamente por escabrosas montañas de más de 3.000 metros de altura, tratando de respirar en la enrarecida atmósfera, sin llegar a ver ni una cabra montés, y ni hablar de Osama bin Laden.
Las cosas se están poniendo malas. Y en Bagram, en Washington y en Londres, se están formulando muchas preguntas, como el periódico Observer señaló de forma harto poco servicial:
"Algunas son simples exigencias: ¿qué están haciendo exactamente los 750 Royal Marines que partieron 'al combate' la semana pasada? Otros ponen en duda los objetivos y la efectividad de toda la campaña de la coalición en Afganistán. ¿Dónde están los de al-Qaeda? ¿Por qué nadie ha mencionado a Osama bin Laden durante semanas? ¿Por qué están retirando fuerzas británicas de las operaciones de mantenimiento de la paz al mismo tiempo que nuestros soldados están siendo involucrados más profundamente en una guerra de guerrillas?
"Otras preguntas, de gente que en general apoya los objetivos de la Operación Libertad Duradera, presentan serias preocupaciones sobre la presentación de la guerra, el evidente sesgo sobre operaciones terriblemente serias y el flujo evidentemente magro de información para el público sobre lo que 'nuestros muchachos' están haciendo en las escabrosas, polvorientas, secas, montañas a 5.000 kilómetros de distancia."
Cuando los "caballeros de la prensa" comienzan a hacer preguntas embarazosas sobre la utilidad de operaciones militares (que, fuera de vidas, cuestan mucho dinero de los contribuyentes), ha llegado realmente el momento de actuar.
El Observer pudo, por fin, informar sobre dramáticos acontecimientos en la línea del frente:
"El jueves por la noche, seis negros [helicópteros] Chinook despegaron de la pista en Bagram, la sobrevolaron por un momento y partieron aullando por la negra noche. Llevaban soldados británicos a la batalla.
"Según la version oficial, unos 1.000 soldados británicos fueron llevados a las escarpadas montañas entre las ciudades orientales afganas de Khost y Gardex, después que unidades del SAS australiano habían entablado combate a las 2 de la tarde del jueves con combatientes leales a al-Qaeda y a los talibán –que los atacaban desde todos lados utilizando granadas propulsadas por cohetes, morteros de 122 mm y ametralladoras pesadas. Al llegar el viernes por la mañana, el poder aéreo de EE.UU., sobre todo los aviones artillados AC-130 'Spectre', habían aplastado a los atacantes, matando a una cantidad desconocida. Durante el viernes los Chinooks volaron hacia y desde Bagram transportando infantes de marina, con todo su equipo militar, a sitios donde podían encontrar y destruir todo nido de resistencia. Otras tropas de la coalición habían tomado 'posiciones de bloqueo' para impedir el escape. Entablaron combate con importantes cantidades de elementos de 'AQT' [al-Qaeda–Talibán], anunciaron. Por fin, parece, Nuestros Muchachos habían entrado en acción."
¡Por fin Tony Blair pudo respirar tranquilo! El viernes por la mañana, el brigadier Roger Lane, comandante de la brigada Comando 3, informó a los radioescuchas del programa BBC Today que las fuerzas de la coalición estaban combatiendo. "La coalición ha establecido contacto con el enemigo y algunos han sido matados," dijo Lane. La Operación Cóndor había sido lanzada contra una "fuerza substancial".
¡Buenas noticias sin duda" Pero, como señala el Observer, las cosas comenzaban a complicarse:
"Gente local dijo que los australianos se habían metido en una disputa local sobre un precioso arbolado y que los bombarderos de EE.UU. habían matado simplemente a aldeanos que se estaban combatiendo entre ellos. Luego una agencia de noticias afgana, basada en el vecino Pakistán dijo que en realidad los hombres 'en combate' pertenecían a una fiesta de matrimonio, cuyas celebraciones con los tradicionales disparos de AK-47 habían sido confundidas con fuego ofensivo. Después que los titulares de 'Británicos en combate' aparecieron en todos los diarios de la mañana, el Ministerio de Defensa aclaró su posición. En realidad los marines todavía no habían encontrado al enemigo, dijeron los portavoces."
No puede caber duda de que la mayor parte de los muertos en los "combates" recientes (sobre todo bombardeos estadounidenses) no fueron para nada hombres de al-Qaeda. Se ha revelado que los señores de la guerra rivales que ahora han tomado control del país, han estado deliberadamente dando información falsa a las fuerzas británicas y estadounidenses para que bombardeen las posiciones en poder de sus rivales, pretendiendo que se trataba de hombres de bin Laden.
"Es imposible. Se ven todos iguales y todos llevan fusiles," dijo un soldado de los Royal Marines al Observer durante la Operación Disparo.
Este comentario de por sí es suficiente para hacernos comprender la naturaleza de esta guerra, que ha sido tan efectivamente silenciada por los que controlan la información proveniente de Afganistán. Tal como lo predecimos, los combatientes de Talibán y de al-Qaeda simplemente han desaparecido, mezclándose con la población pastún local o encontrando refugio al otro lado de la frontera. En realidad, fuentes de la inteligencia en Pakistán dicen que no quedan más de 400 hombres leales a bin Laden en "servicio activo". Muchos de ellos están ocultos en las áreas tribales semi- autónomas en Pakistán.
Abdul Bari Atwan, editor del periódico al-Quds, dijo que pensaba que sólo quedaban 200 combatientes de al-Qaeda bajo las armas. El resto se ha dispersado hacia las inmensas ciudades paquistaníes, declaró al Observer:
"Atwan, que conoce a bin Laden y tiene excelentes contactos con al-Qaeda, dijo que bin Laden está oculto en las regiones fronterizas donde no rige la ley, a por lo menos 160 kilómetros al sur de donde están desplegados los marines. 'De ninguna manera él o sus seguidores se van a alzar y combatir. Van a entablar combate con las fuerzas de la coalición cuándo y como lo juzguen conveniente o no lo harán,' dijo."
Finalmente, el brigadier Lane tuvo que anunciar que la operación magistral del Comando 45, Operación Disparo, había terminado después de 16 días sin establecer contacto con el enemigo. La moral de los marines había alcanzado su punto más bajo. Lo que aún era peor, la moral en la bancada del gobierno de Tony Blair era aún peor. ¡Había que hacer algo!
El brigadier correspondió organizando lo que se anunció como una de las mayores explosiones controladas desde la II Guerra Mundial. El 10 de mayo, un considerable depósito de armas de al-Qaeda, encontrado en una cueva, fue volado en una inmensa explosión. Por desgracia, un señor de la guerra local –Ibrahim Omari, un aliado afgano –declaró más tarde que las armas le pertenecían. Los británicos aseguraron que habían descubierto el depósito de armas después de un arduo trabajo de inteligencia. Pero el señor Omari señaló al Daily Telegraph que había informado a las fuerzas sobre el escondite cuatro meses antes y que había llevado a los oficiales británicos al sitio la semana pasada:
"El antiguo combatiente antisoviético, es jefe de asuntos tribales en la ciudad de Gardez, una de las bases adelantadas de las fuerzas de la coalición. Dijo: 'las armas no tienen nada que ver con al-Qaeda –mi propia gente las han estado guardando durante años. Tenía la esperanza de guardarlas hasta que tengamos nuestro ejército nacional.' Agregó que la mayor parte de las armas habían sido suministradas por Estados Unidos cuando respaldó la resistencia antisoviética en Afganistán en los años 80. 'Ahora, los amigos de los estadounidenses, los británicos, las han hecho volar.'"
Naturalmente, los británicos se esforzaron por negar estas afirmaciones. Pero, ya que tenían que demostrar que estaban realmente haciendo algo, esos desmentidos no sirvieron para gran cosa. En un artículo con el título "¿Alguien ha visto al enemigo?" en el Guardian del miércoles 15 de mayo, Rod Liddle escribió:
"Hace seis semanas, unos 1.800 Royal Marines fueron enviados al sudeste de Afganistán para ubicar y destruir a combatientes de al-Qaeda, que habían, de la manera más cortés, abandonado el área antes de su llegada. Desde entonces, los marines no han encontrado otra cosa que pastores estupefactos, mientras suben y bajan corriendo los cerros, fisgonean en unas pocas cuevas, y organizan fiestas con fuegos artificiales utilizando municiones abandonadas después de la lucha contra los rusos. De vez en cuando alguien cree que han encontrado el cadáver de Osama bin Laden, pero después resulta que era una cabra, o un canadiense."
Para crear la impresión de que las fuerzas británicas están empeñados en una guerra en serio, los medios comenzaron a circular informes sobre una misteriosa y presuntamente altamente contagiosa enfermedad intestinal desconocida hasta entonces a la ciencia médica. Las víctimas de esa terrible aflicción –cuyos síntomas son demasiado embarazosos como para detallarlos en este sitio– fueron rápidamente aislados, por temor a una epidemia generalizada.
Se sugirió enérgicamente que esa misteriosa enfermedad formaba parte de un diabólico complot de Osama bin Laden para poner fuera de acción al ejército británico mediante la guerra biológica. Sin embargo, con el pasar de las semanas, se dijo menos y menos sobre esa misteriosa aflicción. En realidad, no tenía nada de misteriosa. El autor puede confirmar, por su propia experiencia, que cualquier europeo que viaja por esas partes del mundo puede sentir los efectos de la misma dolencia, que afecta las regiones intestinales.
La "misteriosa enfermedad" es conocida en la profesión médica como diarrea o gastroenteritis. Ya que puede llevar a la deshidratación, puede causar una enfermedad extremadamente seria, como parece haber sucedido en uno o dos casos. Incluso en los casos menos graves, es tanto altamente desagradable como incapacitadora. Sin embargo, no es contagiosa en absoluto y se extiende, no mediante armas bacteriológicas, sino a través de condiciones de vida primitivas, mala comida, la falta de agua potable, o simple falta de higiene.
Podemos sentir lástima por los soldados afectados por la enfermedad, pero es difícil que ponga sus vidas en peligro. Por otro lado, millones de personas en países pobres como Afganistán mueren todos los años de cosas semejantes– la mayoría niños. Y eso no lo causó Osama bin Laden, piénsese lo que se quiera de su persona. La destrucción sistemática de la economía y de la infraestructura de Afganistán durante un período de por lo menos veinte años, ha hecho que las condiciones de vida de la gente sean absolutamente insoportables. Y EE.UU. y sus aliados, están empeorando una situación de por sí mala.
Si nos preguntamos lo que ha sido logrado por las fuerzas aliadas en Afganistán, la respuesta es clara: absolutamente nada. Los talibán y al-Qaeda no han sido destruidos. Bin Laden y el ulema Omar no han sido ni matados ni capturados. El país está en un lío peor todavía que antes. Y no hay un fin a la vista para los sufrimientos del pueblo afgano.
En la medida en que no han logrado nada, las fuerzas extranjeras han ayudado al enemigo creando un sentimiento de odio hacia los invasores extranjeros, especialmente entre los pastunes. Las acciones de las tropas estadounidenses y británicas, lanzándose hacia una situación altamente explosiva como hace un elefante en una tienda de porcelana, resultará inevitablemente en las muertes de civiles y empeorará aún más la situación. Mientras tanto, han desestabilizado toda la región y llevado a India y a Pakistán al borde de la guerra.
El 17 de mayo, cientos de soldados británicos fueron llevados a ayudar a las fuerzas especiales australianas, de las que se decía que estaban involucradas en un combate. Pero todos los atacantes habían desaparecido cuando las fuerzas británicas llegaron a la escena. Y la farsa continúa. Sin embargo, el cuerpo de oficiales británicos ha sido siempre famoso por su indomable optimismo. La falta total y absoluta de alguien a quien matar, ha sido proclamada por el comandante de los Royal Marines, el brigadier Roger Lane, con palabras que merecen ser perpetuadas en la historia: "... desde una perspectiva estratégica, es un signo alentador."
Desde luego, "desde una perspectiva estratégica", si el enemigo nunca aparece, es una guerra maravillosa para todos los participantes. Por desgracia, no tiene mucho sentido – como las hazañas del nuestro viejo amigo el duque de York...
5 de junio de 2002